A raíz de la crisis sanitaria del COVID-19 se han desplegado toda una serie de valores que afianzan el sentido de comunidad. Los aplausos de gratitud de las 20h, iniciativas de cooperación vecinal, apps colaborativas, empresas que han ofrecido tus servicios gratuitamente… ¿Qué conductas han cambiado?

La conducta prosocial

La actual crisis sanitaria nos confronta a través de nuestra fragilidad, como seres necesariamente interdependientes. Ha sido necesaria una acción común para girar la curva de contagios y reencauzar la situación. Y es que el ser humano ha evolucionado más gracias a la cooperación que a la competición. Los grandes avances para la humanidad se han construido a partir del trabajo en equipo y esfuerzo compartido.

Los comportamientos prosociales son intentos de satisfacer la necesidad de apoyo físico y emocional de una persona o colectivo que tiene consecuencias sociales positivas. Son conductas voluntarias que se adoptan para cuidar, asistir, confortar y ayudar a otros, por ejemplo, comportamientos de rescate, donación, asistencia, voluntariado y apoyo social.

Existen tres tipos de comportamientos prosociales:

  • Ayuda física: Bienestar físico y salud, necesidades básicas y materiales de los demás.
  • Ayuda emocional: Apoyo psicológico para motivar, consolar, reequilibrar o fomentar el crecimiento.
  • Ayuda social: Construcción ético-social de un entorno de convivencia basado en el bien común, la justicia y la paz.

A su vez, cada uno de estos tres tipos de ayuda pueden tener dos ámbitos de intervención:

  • Intragrupal: Es la ayuda que se realiza dentro del propio grupo, familia, clase, etnia o comunidad.
  • Intergrupal: Es la que se realiza en entornos diferentes a los de uno mismo, lejanos a nivel cultural, religioso o ideológico.

¿Qué determina la conducta prosocial?

Algunas de las variables que aumentan la conducta prosocial son:

  • Capacidad de autocontrol.
  • Confianza en uno mismo.
  • Autoconcepto positivo.
  • Estabilidad emocional.
  • Simpatía.
  • Creencia de autoeficacia social.
  • Razonamiento moral.
  • Necesidad de agradabilidad.
  • Nivel educativo.
  • Extraversión.
  • Las personas con menos autoestima, impulsivas o poco empáticas suelen ser menos proclives a ayudar a los demás.

Efectos en la salud

Existen estudios que confirman que una baja frecuencia de conductas prosociales constituye un factor de riesgo de problemas de conducta y desórdenes afectivos. Así pues, los efectos benéficos de la conducta prosocial no son sólo para el receptor, sino que se extienden a quien la produce.

Las conductas prosociales son un factor psicológico protector para la salud emocional en el futuro, ya que hace a la persona más competente a nivel individual y social:

  • Aumentan la autoestima. La gratitud y el reconocimiento derivados de ayudar a otros, contribuyen a desarrollar sentimientos positivos hacia uno mismo, a la aceptación por parte de los otros y el apoyo por parte de esos otros cuando se les necesita. Es el pez que se muerde la cola: a más autoestima, más conductas prosociales y a más conductas prosociales más autoestima.
  • Reducen la ansiedad y depresión.
  • Aumentan el nivel de energía y vitalidad.
  • Reducen la agresividad.

Por otro lado, las conductas prosociales no sólo mejoran la salud emocional, sino también la salud física. Liberan dopamina (recompensa natural), tienen relación con el hipotálamo (que regula funciones básicas como el sueño, el hambre, el metabolismo, la temperatura…) y promueven diversos beneficios neurológicos. Algunos efectos serían:

  • Disminuyen el dolor físico.
  • Mejoran el sueño.
  • Reducen el estrés.

¿Cómo aumentar las conductas prosociales?

  • Las conductas están sustentadas en valores: generosidad, gratitud, altruismo…Cambiar de prioridades es posible, pero antes hay que querer hacerlo.
  • Reflexiona sobre cómo puedes aportar tu granito de arena. Para poder aumentar la calidad y cantidad de nuestras conductas prosociales es necesario aumentar nuestro repertorio de posibilidades. Haz una lluvia de ideas de en qué puedes contribuir a nivel físico, emocional y social, tanto a nivel Intragrupal como intergrupal. Saber más nos lleva a hacer más y mejor.
  • Recuerda que ayudar no es sólo hacer sino también dejar de hacer. Por ejemplo, no salir de casa durante el confinamiento era una forma de contribución social. No difundir mensajes catastrofistas o falsos es también una forma de ayudar.
  • Es importante crear una identidad social en la que todos nos sintamos incluidos y así participemos. Por ejemplo, aumentar la conciencia de que si asumo riesgos a nivel individual estoy creando problemas a nivel colectivo (puedo transmitir el virus a otras personas).
  • Los comportamientos egoístas normalmente se deben al miedo y a la inseguridad.ej. no me protejo con mascarilla porque me da miedo aceptar que puedo estar infectado o infectar.
  • Piensa qué has aprendido de esta situación y qué parte de tu nuevo comportamiento prosocial te gustaría mantener en el tiempo.
  • Pero, sobre todo: actúa. No intelectualices, llévalo a la práctica.

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Lo que debes saber…

  • Los comportamientos prosociales se han intensificado. Son intentos de satisfacer la necesidad de apoyo físico y emocional de una persona o colectivo que tiene consecuencias sociales positivas.
  • Este tipo de conductas (comportamientos de rescate, asistencia, voluntariado, apoyo social) no sólo mejoran la salud emocional, sino también la salud física.
  • Las conductas están sustentadas en valores: generosidad, gratitud, altruismo…Cambiar de prioridades es posible, pero antes hay que querer hacerlo.