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¿Cómo preparar al bebé para los nuevos alimentos?

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Cómo come el bebé es uno de los temas que importan más a los padres, sobretodo aquellos que creen que su hijo come poco o rechaza la alimentación.

 

A pesar de ser un tópico, todos los niños acaban comiendo de casi todo si tenemos la paciencia suficiente y le ofrecemos una dieta variada diaria.

“Comer es un placer”

El bebé ha de relacionar la comida como algo agradable y placentero y no como un momento de conflicto o tensión con los padres. Todo lo que el niño vive emocionalmente en relación con la comida puede hacerle tomar una serie de actitudes poco saludables cuando sea mayor. Tener una actitud positiva ante la comida y, mantener la calma, es muy importante

 

La comida no es premio ni castigo, tiene la función de nutrir al bebé y debe ser un momento que se disfrute en familia: es un acto social.

Autonomía

A partir de los seis meses se recomienda sentar al bebé en la mesa con una trona adecuada y ofrecerle los alimentos con cuchara. A los siete meses muchos bebés quieren comer solos con la cuchara o las manos aunque al principio no atinan demasiado y se ponen perdidos. Hay que dejar que el niño toque la comida aunque se manche.

 

El hecho de experimentar y manipular con sus manos la comida la puede convertir en más atractiva y puede ayudar una mejor aceptación. Siempre dejar tocar la comida con vigilancia, nunca se ha de dejar a un bebé comiendo solo ya que puede haber riesgo de atragantamiento.

 

Entre los 15 y 18 meses ya empieza a comer apenas sin ayuda: utiliza la cuchara y bebe de un vaso, puede empezar a pinchar con el tenedor. Los cubiertos deben ser adaptados a la edad del niño, mejor de plástico.

 

Aunque ya sea mayorcito y coma solo debe estar acompañado por un adulto. Se puede incorporar al bebé a la rutina familiar, formando parte de la mesa. El sentarlo a la mesa con el resto de familiares (y sin televisión) enseña al bebé que la comida es un acto social importante y agradable y, por otro lado, puede animarlo a probar los nuevos alimentos que comen los demás.

 

La mesa es un ejemplo de educar en modales; al principio es normal que lo ensucie todo pero, poco a poco, hay que ir corrigiendo pequeños detalles. Los padres son un modelo fundamental, de ellos se aprende que hay que comer de todo y qué modales se han de tener en la mesa.

Rutinas y horarios

Es importante establecer unos horarios y rutinas entorno a la comida. Los bebés gastan mucha energía y tienen pocas reservas, por lo que deben comer muy a menudo. El horario de comidas debe adaptarse al ritmo del bebé.

 

Cuando el niño se hace mayor, ya puede adaptarse al ritmo de los adultos siempre que sea razonable para él: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena. Debe sentarse a la mesa con los demás.

 

El tiempo para comer también se educa: ni escaso (que no nos permita disfrutar del acto social de comer) ni excesivo (más de una hora para cada comida). Un tiempo razonable sería entre 30 y 45 minutos si el niño ya come solo.

El apetito y los gustos del bebé

Cuando la leche deja de ser el único alimento, los nuevos sabores que ofrecemos al bebé pueden gustarle o no. Como es un ser singular y que ya empieza a manifestar sus gustos, lo expresará rechazando lo que no le agrada (apartando la cuchara con la mano, escupiendo, cerrando la boca…). Hay que darle tiempo y armarse de paciencia.

 

Cuando esto sucede no hay que rendirse, ofrecérselo cada día, variando las proporciones de los alimentos de la papilla o darle los alimentos por separado (como las frutas), puede ayudarle a aceptarlos.

 

Más importante que la cantidad es la variedad en la alimentación.

 

Cada niño sabe la cantidad que necesita comer.

 

Habrán días de todo: más apetito o menos. Nunca hemos de obligar a un niño a comer, ya que un día puede estar más desganado o bien puede comer menos porque esté enfermo.

 

Si el bebé rechaza el alimento no lo fuerce; hay niños que comen menos que otros. Si en los controles del pediatra crece bien, gana peso y tiene un aspecto saludable es que come lo que necesita.

 

No hay que picotear entre horas ni dar al niño bebidas dulces, chucherías, galletas o exceso de leche de vaca que le sacie y llegue a las principales comidas sin hambre. Entre horas el bebé ha de beber agua.

 

A veces es conveniente no llenar el plato hasta arriba, mejor que coma menos pero variado: primero, segundo y postre.

 

Para estimular el apetito del bebé se pueden ofrecer los platos lo más atractivos posibles, probando con diferentes texturas (triturado, chafado con tenedor o en trocitos) en función de la dentición del niño, intentando diferentes proporciones de alimentos y cocinar un mismo alimento de diferente manera (ej: manzana rallada, al horno, en compota, en zumo…). De esta manera podemos saber cuáles son los gustos y las texturas que más agradan al bebé, educando su paladar y animándole a comer de todo.

 

 

Dra. Esther Martínez García

Especialista en Pediatría

Médico consultor de Advance Medical
 

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