Dolor crónico

Dolor crónico

El dolor crónico es un problema universal que tiene especial importancia y prevalencia en el anciano ya que se asocia a enfermedades crónicas que aumentan con la edad (artrosis, neuropatías, enfermedades vasculares, etc.). Entre un 50 y un 80% de […]

El dolor crónico es un problema universal que tiene especial importancia y prevalencia en el anciano ya que se asocia a enfermedades crónicas que aumentan con la edad (artrosis, neuropatías, enfermedades vasculares, etc.). Entre un 50 y un 80% de la población mayor de 65 años presenta dolor.

 

El dolor de larga duración se asocia con trastornos del sueño, disminución y/o pérdida de las funciones físicas y sociales e incremento de la utilización de las residencias de ancianos o geriátricos. El dolor crónico es una experiencia agotadora, tanto para el paciente como para sus cuidadores, unida a un sufrimiento psicológico con síntomas de ansiedad y depresión que condicionan y aumentan la percepción dolorosa.

 

A pesar de ello un gran número de pacientes ancianos no recibe el tratamiento adecuado. Las causas las podemos encontrar en 3 factores:

 

  • Dificultad en la valoración del dolor (problemas auditivos y de visión, deterioro cognitivo).
  • Miedo a los efectos secundarios de las medicaciones (los antiinflamatorios, tratamiento habitual, presentan un alto índice de efectos secundarios a nivel gastrointestinal y renal fundamentalmente).
  • Prejuicios de la población sanitaria y de la sociedad en general contra los opioides y tratamientos alternativos: apoyo psicológico, programas de ejercicio, acupuntura, etc.

Salud Mayores. Dolor crónico en personas mayores. Introducción
Los cambios fisiológicos que se dan en las personas mayores influyen en el tipo de dolor debido al envejecimiento de los tejidos (por ejemplo dolor articular por desgaste, endure
cimiento de los ligamentos, etc.) Se producen alteraciones a nivel cardiovascular, musculoesquelético, urológico, metabólico, gastrointestinal, hepático, endocrino y del sistema nervioso central.

 

Asimismo, existen cambios y variaciones en el metabolismo de los fármacos analgésicos y coadyuvantes del dolor, de forma que los efectos suelen ser más intensos y a menor dosis y con mayor número de efectos secundarios e interacciones; esto es muy importante dada la polifarmacia presente en las personas mayores.

 

El dolor crónico en los ancianos presenta características propias que vienen determinadas por la disminución o pérdida de sus funciones vitales (deterioro mental, disminución de la capacidad visual, sordera, dificultad de expresión, etc.), sociales y familiares que en muchas ocasiones dificultan el diagnóstico y tratamiento del dolor. Por eso es necesario prestar atención a los signos indirectos del dolor como cambios en la expresión facial, gemidos, posturas antiálgicas y agitación que ayuden a diagnosticar el dolor y establecer su origen. Los factores psicológicos se asocian al dolor del anciano. Frecuentemente el anciano refiere como dolor lo que en realidad corresponde a un cuadro de ansiedad o depresión motivado por alguna alteración en su vida familiar o social. Conviene no olvidar que también pueden ejercer un cierto “chantaje” hacia las personas que les cuidan con el fin de obtener una mayor atención. Los ancianos con estabilidad personal y familiar tienen significativamente menos dolor y alteraciones psicológicas.

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Las consecuencias del dolor crónico en el anciano son numerosas. Depresión, dificultades en la relación afectiva, alteración del sueño, incapacidad funcional y aumento de los gastos derivados de la utilización de los servicios de salud, se asocian con la presencia de dolor en los ancianos.

 

Otros aspectos pueden darse por la presencia de dolor son la alteración de la marcha, una recuperación lenta y los efectos secundarios de los múltiples medicamentos prescritos. A la hora de pautar un tratamiento analgésico se debe ser cauto, empezando con las dosis mínimas e incrementándolas lentamente.

 

El tratamiento del dolor crónico en el anciano se basa en la escalera analgésica promovida por la Organización Mundial de la Salud: antiinflamatorios, opiáceos, medicación coadyuvante (antidepresivos, anticonvulsivantes, etc.) y apoyo psicológico, punto éste muy importante puesto que dolor y depresión son síntomas que se asocian y se solapan con gran frecuencia, siendo muy difícil diferenciar un síntoma de otro, hecho que condiciona no sólo el tipo de tratamiento sino también sus resultados.

 

Como la resolución completa del dolor es improbable, es importante alcanzar un nivel aceptable de analgesia que tolere el paciente e incremente su calidad de vida. La meta del tratamiento será pues controlar el dolor con los mínimos riesgos, incrementando a su vez la capacidad funcional.

 

 
Dra. Montse Queralt

Especialista en Medicina de Familia y Geriatría

Médico Consultor de Advance Medical

 

2018-06-10T18:34:41+02:003 noviembre, 2016|

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