Por otro lado, tiene mucho de estrategia (interpretación del parte meteorológico, posición relativa del barco respecto a sus rivales, etc.), de ahí que también cobre gran importancia la preparación mental, tanto para optimizar recursos propios como para afrontar los frecuentes imprevistos.

Ejercicio físico (y mental)

Ninguna limitación absoluta existe en este deporte. Cualquiera que fuera nuestra condición, hay un barco y una posición a bordo para nosotros. Pero sí hay alguna limitación relativa: lo inadecuado sería, obviamente, que eligiéramos una posición para la que no estuviéramos preparados. La experiencia nos pondrá muy rápidamente en nuestro lugar.

Pero, aparte de particularidades, la condición física objetivo de un tripulante debería ser un acondicionamiento físico general. Podríamos considerar, con algo más de detalle:

  • Ejercicios de movilidad que nos permitieran movernos con agilidad y soltura a bordo, especialmente cuando las condiciones de viento y Mar se complicaran.
  • Ejercicios de autocarga: toda aquella gimnasia realizada con el propio peso resultará de gran utilidad a bordo; al fin y al cabo, el barco es un gran gimnasio para estas rutinas pues el buen marinero sabe cómo moverse encadenando apoyos con las cuatro extremidades.
  • Ejercicios de propiocepción: fundamentales por estar fuertemente implicados en el equilibrio, obviamente una gran cualidad con la que contar.
  • Ejercicios con elásticos: nos ayudarán a sacar adelante movimientos complejos durante las maniobras, o aquellos en los que, mientras apoyado, habré de aplicar mi fuerza a la hora de tirar («cazar») o soltar («amollar») de un cabo (se dice que en un barco no hay más cuerda que la del reloj!, y ahora ya, ni siquiera esta…).
  • Ejercicios de estiramientos, por tratarse estos de un complemento indispensable en cualquier actividad deportiva realizada correctamente. Aparte de prevenir lesiones, nos preparan especialmente para volver a usar esos músculos en la regata o travesía del día siguiente.

Hidratación

¿Qué tiene que ver la hidratación con la preparación física? Todo!

  • La relación de la deshidratación con las lesiones osteo-musculares es directa. Aún más, la relación de una correcta hidratación con la recuperación de tales lesiones es también directa.
  • Igualmente, existe un nexo de causa-efecto entre la deshidratación y la aparición del ya comentado «mal de Mar».
  • El organismo humano desencadena el estímulo de la sed cuando detecta una deshidratación del 2%. Qué importancia ha de conceder nuestro organismo a este aspecto cuando no espera más que ese 2% para reclamar su compensación La razón es simple: una deshidratación del 2% conlleva un déficit osteomuscular de un 10%!; pero es que también conlleva un déficit neuronal del 10%! Imaginemos, por tanto, lo trascendental de cuidar este aspecto, no sólo cuando uno es deportista profesional sino también cuando es un aficionado más.
  • Por último, tampoco debemos olvidar que todos y cada uno de los demás órganos y tejidos de nuestro organismo precisan de agua y electrolitos de manera fundamental, de modo que no debería hacer falta insistir.

En todo caso, una vez que ya sabemos que el agua es fundamental, convendría, quizá, apuntar un par de detalles al respecto de cuánta agua debemos tomar y cómo.

¿Cuánta agua y cómo beberla?

Difícil pregunta a contestar por cuanto la variabilidad individual a este respecto es total. No es lo mismo considerar una persona u otra, un género u otro, una edad u otra, una época del año u otra, etc. Sin embargo, la contestación podríamos simplificarla bastante: aquella cantidad que nos permita observar una orina de color claro. Si cumplimos esta premisa no nos estaremos equivocando demasiado.

¿Cómo beberla?

Ésta es, en realidad, la pregunta clave. Porque una cosa es el agua que bebemos y otra, bien distinta, el agua que asimilamos. De ahí que veamos cómo los deportistas profesionales (en aquellos deportes en los que la condición física resulta clave para su rendimiento deportivo) suelen aparecer con sus inseparables botellas o bidones.

En este aspecto entra en juego también la disponibilidad del agua: deportes como el tenis tienen la suerte de parar cada dos juegos y prestar una estupenda oportunidad para la rehidratación. El nuestro, en cambio, no nos lo pone tan fácil, por dos razones: porque no se para y, más importante, porque no encontraremos después ningún buen momento para orinar. En todo caso, estos son aspectos que yo comprendo perfectamente pero nuestro organismo, en cambio, no!

En conclusión, la hidratación es un recurso fundamental. Y la deshidratación es una gran ventaja que le estaremos dando a nuestro rival.

Nutrición

Este aspecto resulta también importante pero sí me gustaría aclarar que debería estar siempre por detrás del punto anterior. Sin embargo, es una constante que cometamos este error una y otra vez.

  • Aparte de que deberíamos comer bien cada día, por la necesidad de acotar a la hora de escribir estas notas, podríamos decir que la buena nutrición para la travesía/regata debería comenzar, al menos, durante la cena del día anterior. Tanto considerando rendimiento físico y mental, como recordando la directa relación de la comida inadecuada con la posible aparición del «mal de Mar», lo cierto es que la cena previa ha de ser cuidada.
  • Un desayuno energético que nos prepare para lo que se nos venga encima resulta tan importante como acertar con la vela a izar. Ya es muy buena idea aprovechar ese rato dedicado al buen desayuno para considerar la estrategia de la regata o repasar el parte meteorológico.
  • A bordo, en cambio, y siempre dependiendo del tipo de navegación que estemos considerando, obviamente, podremos comer poco y en poco tiempo; por tanto, necesitaremos alimentos de fáciles digestión y asimilación; las frutas son una inmejorable fuente de energía, vitaminas y agua; y los frutos secos nos aportarán gran cantidad de energía y hierro (lamentablemente, el «bocata» no tiene tanta cabida).
  • Una vez terminada la travesía, será de suma importancia la recuperación de nutrientes esenciales, por lo que una cena temprana y de calidad, combinando proteínas y carbohidratos, marcará la diferencia.

Mención especial merece la VOR: hablamos aquí del extremo, de barcos en los que el peso es un aspecto a tener muy en cuenta; de este modo, la comida es siempre liofilizada (se ha de mezclar con agua caliente para rehidratarla) y de altísimo poder energético, en un intento de economizar peso y volumen, al tiempo que asegura el combustible necesario para 9 potentes y hambrientos tripulantes que han de vivir (y dormir) en condiciones de suma dureza y sometidos a un tremendo desgaste. A esto hay que sumarle que el agua empleada proviene de una potabilizadora….

Quizá ahora entendamos un poco más mi comentario en capítulo anterior: «la vela de crucero, con su tortilla y su bota de vino, es la envidiada por el regatista!!

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