La cistinosis es una enfermedad poco habitual que se caracteriza por la acumulación de la cistina en diversos tejidos (riñones, retina, tiroides), lo cual conduce a su progresivo deterioro. La cistina es un dímero formado por dos unidades de cisteína, uno de los aminoácidos que forman parte de muchas proteínas. Su incidencia es baja, ya que afecta a uno de cada 100.000-200.000 recién nacidos cada año.

Se trata de una enfermedad genética autosómica recesiva, es decir, que necesita que los dos genes estén alterados para que se manifiesten los síntomas de la enfermedad. El gen afectado se llama CTNS, que se encuentra ubicado en el brazo corto del cromosoma 17. Se han descrito más de 100 mutaciones de este gen asociadas a la enfermedad.

Este gen codifica la proteína cistinosina, que se encarga de transportar la cistina a través de las membranas de los lisosomas, orgánulos celulares que contienen enzimas encargadas de digerir sustancias externas e internas. Al fallar la cistinosina, la cistina se acumula en los lisosomas, lo que provoca un deterioro progresivo de los órganos afectados. Se forman cristales de cistina en prácticamente todos los tejidos del organismo, siendo los órganos más afectados los riñones.

Tipos de cistinosis

La cistinosis infantil

Es la más frecuente de todas, supone el 95% de los casos, y también la más grave. Se presenta a los 3-6 meses de vida como lo que se conoce como síndrome de Fanconi, en el cual se da una eliminación excesiva por la orina de varias sustancias, como glucosa, fosfatos, bicarbonatos, sodio, potasio, carnitina y aminoácidos (sobre todo la cisteína).

La pérdida de estas sustancias conlleva un aumento de la producción de orina (poliuria), acidosis metabólica, retrasos del crecimiento y raquitismo resistente al tratamiento con vitamina D. El inicio de la enfermedad puede demorarse hasta las 12-18 meses y la función renal comienza a verse afectada a partir de los seis años. Sin tratamiento, esto conduce a una insuficiencia renal crónica que llega a ser terminal alrededor de los 10 años de vida.
La primera manifestación es el exceso de producción de orina, lo que puede episodios de deshidratación, sobre todo cuando coinciden con gastroenteritis u otros cuadros febriles.

La pérdida de fosfatos y bicarbonatos supone un retraso del crecimiento, de manera que al año de edad los pacientes han caído de un percentil inicial normal tanto de peso como de estatura a estar por debajo del percentil 3. En general la talla media se sitúa en 143 cm en hombres y 129 cm en mujeres.
La fotofobia suele aparecer a los 3-4 años de edad, así como espasmos de los párpados, despigmentación progresiva de la retina, disminución de la visión de los colores a partir de los 10 años y déficit de la agudeza visual.

El hipotiroidismo, causado por las lesiones celulares secundarias a la acumulación de cistina en el tiroides, se puede desarrollar a partir de los 10 años. Otras alteraciones posibles son retraso de la pubertad, atrofia muscular, dificultades para tragar, afonía, diabetes, afectación hepática, convulsiones, alteraciones de la percepción visual, déficit de memoria, hipopigmentación cutánea o envejecimiento prematuro de la piel.

La cistinosis juvenil

Es muy poco frecuente, aparece entre los 12 y los 17 años de edad y la insuficiencia renal se demora hasta la tercera década de vida.

La cistinosis del adulto

Es muy poco habitual y se diferencia de las previas en que no hay afectación renal, motivo por el cual se suele denominar cistinosis benigna, ocular o no nefropática, porque esencialmente provoca síntomas oculares como fotofobia y lagrimeo causados por la acumulación de cristales de cistina en la córnea.

Diagnóstico de la cistinosis

El diagnóstico es inicialmente clínico, llevado a cabo por el pediatra, teniendo en cuanta los antecedentes familiares de esta enfermedad. A nivel analítico se determina la cistina acumulada en los glóbulos blancos, que en estos pacientes está muy elevada, por encima de diez veces el valor normal. Se puede realizar un diagnóstico prenatal mediante biopsia de corion o amniocentesis, o bien a través de estudios de ADN fetal. Este diagnóstico es recomendable hacerlo si existen antecedentes familiares de esta enfermedad.

Tratamiento

El tratamiento deber ser sintomático y específico y debe instaurarse cuanto antes para retrasar lo máximo posible el progresivo deterioro de la función renal. El tratamiento sintomático se basará en corregir los trastornos de los iones, mejorando los déficits nutricionales y aportando fosfatos y vitamina D para evitar el raquitismo. En algunos casos se ha visto mejoría con el uso de hormona del crecimiento, sobre todo si se utiliza de manera precoz.

Hoy en día disponemos de la cisteamina, que es el fármaco de elección para el tratamiento de la cistinosis. Este fármaco permite la salida de cistina de los lisosomas, con lo cual no se acumula en los tejidos y no tiene su efecto nocivo celular. El uso de cisteamina retrasa el deterioro de la función renal, mejora el crecimiento, disminuye la afectación ocular al utilizarse en colirio o gel ocular, y disminuye significativamente la aparición de hipotiroidismo.

Pese a todo, la función renal continua deteriorándose, por lo que estos pacientes acaban precisando un trasplante renal, aunque por suerte ahora a edades más avanzadas, hacia la tercera década de vida. El trasplante supone una mejoría significativa en la calidad de vida de los pacientes y se ha visto que en general el daño renal no se reproduce en los órganos trasplantados.

Es importante acudir a los controles del pediatra para detectar precozmente esta enfermedad y en caso de existir antecedentes familiares plantearse el diagnóstico prenatal si se quiere tener descendencia.

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LO QUE DEBES SABER…
  • Enfermedad genética que consiste en la acumulación de la cistina en diversos tejidos (riñones, retina, tiroides), lo cual conduce a su progresivo deterioro.
  • Existen tres formas de cistinosis, siendo la infantil más frecuente de todas, el 95% de casos, y también la más grave. Las otras son la juvenil y la del adulto.
  • Es importante acudir a los controles del pediatra para detectarla precozmente y, si existen antecedentes familiares, plantearse el diagnóstico prenatal si se quiere tener descendencia.