Mientras conducimos, nuestros sentidos deben estar alerta y debemos estar pendientes de la carretera, nuestro vehículo y los demás coches para que la conducción sea segura para todos, conductores y peatones. Existen una serie de enfermedades que pueden afectar a nuestra forma de conducir.

La diabetes

Esta enfermedad puede afectar a la conducción si no está bien controlada. Los pacientes diabéticos tipo I, que precisan insulina, si no están bien controlados tienen el riesgo de padecer una hipoglicemia, es decir, una bajada de los niveles de glucosa en sangre. Esto puede causar mareos, visión borrosa e incluso pérdida de conocimiento, con el evidente riesgo al volante que esto supone.

Las alergias estacionales

Provocan lagrimeo e inflamación de la mucosa nasal y estornudos. Los episodios de estornudos y el lagrimeo pueden poner en peligro la atención durante la conducción. Asimismo, algunos antihistamínicos que se prescriben para tratar los síntomas de alergia pueden causar somnolencia.

Los estados alterados de la psique

La depresión, manía o ansiedad, si no están bien tratadas con medicación, puede afectar a nuestra capacidad de reacción y alterar tanto el estado de alerta como la conciencia del peligro que nuestras acciones al volante pueden suponer. Del mismo modo, algunos tipos de medicación psiquiátrica pueden disminuir el estado de alerta y vigilia, con lo cual no es recomendable la conducción en este estado.

Enfermedades neurológicas

El Parkinson, epilepsia, ciertas distonías musculares o la esclerosis múltiple pueden provocar estados de rigidez muscular, espasmos o una falta de control de los movimientos de las extremidades. Todo ello, puede afectar a la forma de conducir y hacer más probable que la persona al volante sufra un accidente de coche.

En los estados iniciales de las demencias, como la demencia vascular o el Alzheimer, en los cuales los pacientes todavía se valen por sí mismos, pueden conducir, pero las lagunas de memoria o el no reconocimiento de las señales y normas de tráfico podrían hacer que el conductor se alterase y cometiese una imprudencia y sufriese un accidente de tráfico.

Los trastornos del sueño

El insomnio, las piernas inquietas o el síndrome de apnea obstructiva del sueño impiden el descanso reparador nocturno y conllevan una somnolencia diurna, en ocasiones irremediable, que puede suponer un grave peligro si se va al volante.
Del mismo modo, los pacientes con narcolepsia o cataplejia que no estén bien tratados y que no sigan un patrón de siestas programadas para evitar las crisis de sueño pueden quedarse dormidos de manera brusca mientras conducen y provocar un accidente que puede ser mortal.

Otras patologías

Un cuadro de vértigos, una insuficiencia cardíaca, una crisis hipertensiva, una anemia o cualquier otra causa de mareo y debilidad, pueden afectar la coordinación y la visión, con lo cual la capacidad de conducción se puede ver severamente afectada. Por supuesto, el consumo de ciertas sustancias como el alcohol, el cannabis o ciertos analgésicos opiáceos, van a mermar nuestra capacidad de reacción, al estar menos alertas y producir somnolencia, lo cual puede llevar a un accidente grave.

Es evidente que cualquier estado de enfermedad puede afectar a nuestra habilidad para la conducción. Es nuestra responsabilidad saber si el estado en que nos encontramos sea puntual o crónico puede entorpecer nuestra habilidad al volante y debemos ser capaces, por nuestro bien y el de los demás, de no coger el volante si no vamos a poder responder al 100% como conductores. Así mismo, en caso de estar tomando alguna medicación, es importante conocer sus efectos, sobre todo al volante, y consultar con nuestro médico. Recuerda que con tu Seguro de MAPFRE Salud cuentas con las mejores coberturas, como la atención médica personalizada las 24 horas del día.

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Lo que debes saber…

  • La diabetes mal controlada puede provocar hipoglicemia, mareos, visión borrosa e incluso pérdida de conocimiento.
  • Algunas enfermedades neurológicas pueden afectar a la coordinación y el movimiento.
  • Los trastornos del sueño impiden el descanso reparador nocturno y conllevan una somnolencia diurna.
  • Conducir puede ser desaconsejable en caso de estar consumiendo ciertos medicamentos como, por ejemplo, antihistamínicos.
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