No requieren de platos especiales donde se “camufla” determinada comida o se les permite que coman alimentos superfluos “para niños”. Lo único que deberemos tener en cuenta son aquellos alimentos  que debido a su carga tóxica pueden resultar peligrosos para los más pequeños.

A qué tóxicos nos referimos

Las sustancias tóxicas pueden ser de origen biológico o químico, pueden producirse debido a procesos de producción, transformación, almacenaje… Suelen ser vertidos a la atmósfera o al mar y acabar integrados en la cadena alimentaria. Otros casos pueden deberse a la contaminación biológica debido a una incorrecta higiene, cocinado o conservación.
Los adultos también sufren la contaminación de dichos tóxicos, pero debido a nuestra envergadura la toxicidad nos afectaría en dosis mucho más elevadas. Por el contrario, en niños pequeños, debido a su pequeña estatura y peso, basta una dosis mucho menor para crear problemas de salud, por ello muchas de las recomendaciones de entidades oficiales aconsejan reducir al mínimo la cantidad de alimentos donde pueden encontrarse o incluso no ofrecerlos hasta una determinada edad.

Conozcamos los alimentos más habituales:

  • Hortalizas:

Debido a su alto contenido en nitratos deben evitarse las espinacas, acelgas y borraja antes de los 12 meses y, en el caso de que se den, no debe superar nunca el 20% de la cantidad del plato. A partir del año hasta los tres años, estas dos hortalizas no deben alcanzar ni superar la ración diaria. Tampoco deben mantenerse a temperatura ambiente una vez cocidas, ya sean enteras o en puré, y si no se consumen deberán conservarse en el frigorífico o congelador. Los nitritos en el organismo se transforman en nitratos y éstos, si están en altas concentraciones, pueden producir metahemoglobinemia, un trastorno que afecta a la distribución de oxígeno en el organismo, por ello la piel de los bebés coge una tonalidad azul (cianosis), que indica la alteración. Existe riesgo aumentado de padecerlo si los niños presentan infección bacteriana gastrointestinal.

 

  • Carnes:

Los niños menores de seis años no deben comer carne de caza, debido a que pueden quedar restos de plomo de la munición y puede causar daño neuronal. Los metales pesados como el plomo, mercurio, cadmio, arsénico, etc. se acumulan en el organismo pudiendo crear problemas de salud a largo plazo. Si esto ocurre hay riesgo de causar problemas leves como nerviosismo, insomnio, estrés… o, en casos más graves, problemas respiratorios, neurológicos, etc.

 

  • Pescados:

Por su alto contenido en mercurio debe evitarse el pescado azul de gran tamaño como el pez espada, emperador, atún (incluidas las conservas en lata), salmón, tintorera o cazón. En niños de tres a 12 años limitar su consumo a 50 gramos a la semana o 100 gramos cada dos semanas. Debe evitarse el consumo de cabezas de gamba, langostinos, cigalas… por su alto contenido en cadmio.

 

  • Miel:

Se aconseja evitar la miel en menores de 12 meses por riesgo de intoxicación por botulismo. La miel puede contener esporas de una bacteria llamada Clostridium botulinum que llega al intestino del bebé y libera una toxina que paraliza los músculos. En adultos y niños mayores no provoca riesgo alguno, pues contamos con microorganismos que impiden que ocurra. Por el contrario, la inmadurez del intestino de los bebés da la oportunidad de que la bacteria puede alojarse y desencadenar la enfermedad. Los síntomas de botulismo son párpados caídos, dificultad para succionar y deglutir, debilidad muscular, llanto débil, tono muscular deficiente y dificultad para respirar.

 

  • Tortitas de arroz:

El arsénico está presente en el arroz y todos los productos que se elaboran con este ingrediente, sin embargo, no en cantidades suficientes como para ocasionar problemas de salud, y más teniendo en cuenta que el arsénico se reduce de manera considerable si el arroz se aclara antes de su cocinado, una vez hervido, incluso si lo aclaramos de nuevo tras el hervido.  Por el contrario, se han encontrado altas cantidades de arsénico en las tortitas de arroz. Esto no debe alarmarnos y llevarnos a pensar que va a hacer enfermar a los más pequeños, pero sí debemos tener en cuenta que no equivalen a “un trozo de pan”, y que no pueden comer tantas como quieran cada tarde en la merienda. Países como Suecia, aconsejan en sus Guías no incluirlos en la alimentación antes de los seis años y restringir su consumo a partir de esta edad a no más de cuatro tortitas de arroz a la semana.

Además de tener en cuenta los alimentos citados no debemos olvidar realizar un buen lavado, sobre todo de frutas y verduras antes de su consumo, pues en muchas ocasiones las comemos crudas y son un ejemplo de alimento con alto riesgo de carga tóxica, tanto química como biológica. Seguir algunos consejos reducirá el riesgo de contaminación:

 

  • Antes de manipular los alimentos debemos tener las manos bien limpias, así como la superficie de cocina donde se vaya a trabajar.
  • Conservar las frutas y las verduras en la nevera, separadas del resto de alimentos cocinados y crudos. Se aconseja utilizar la parte inferior de la nevera pues es la zona menos fría.
  • Antes de consumirlas lavar siempre bajo el chorro del grifo, aunque vayan a ser consumidas sin piel, pues de ese modo se eliminan impurezas y posibles tóxicos.
  • En caso de que la verdura se coma cruda o la fruta se coma cruda con piel, aún debe prestarse más atención a su lavado bajo el chorro del grifo, siendo meticulosos en su limpieza. Recordemos que los niños son mucho más vulnerables que los adultos. También puede utilizarse lejía “apta para alimentos”.

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Si hablamos de niños menores de tres años, cabe recordar que no es por riesgo tóxico, pero sí por riesgo de atragantamiento que hemos de vigilar aquellos alimentos que por su forma y textura pueden provocar obstrucción de las vías respiratorias. Alimentos como frutos secos enteros, zanahoria cruda, uvas enteras… tienen más riesgo de provocar atragantamiento en los bebés y niños por lo que insistimos en esperar a ofrecerlos enteros hasta pasados los tres años. Esto no quiere decir que no puedan ofrecerse, sólo habrá que hacerlo de manera diferente, por ejemplo, frutos secos triturados formando parte de salsas, purés o utilizados como alimento para rebozar, cociendo la zanahoria, troceando las uvas, etc.

LO QUE DEBES SABER…

  • Los adultos también sufren la contaminación de dichos tóxicos, pero debido a nuestra envergadura la toxicidad nos afectaría en dosis mucho más elevadas. En cambio, en niños pequeños, por su estatura y peso, basta una dosis mucho menor para perjudicarles.
  • Un adecuado lavado del alimento puede reducir de manera muy considerable la contaminación biológica de los alimentos.
  • Los metales pesados como el plomo, mercurio, cadmio, arsénico, etc. se acumulan en el organismo y pueden crear problemas de salud leves como nerviosismo, insomnio, estrés… o, en casos más graves, problemas respiratorios, neurológicos, etc