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Energía celular: lo que tus mitocondrias dicen sobre tu salud y longevidad

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Descubre la función de la mitocondria en la salud y cómo potenciar la energía celular. Te explicamos qué es la Urolitina A y consejos para mejorar tu salud mitocondrial.

Resumen del contenido

  1. ¿Qué son las mitocondrias y por qué deberían importarte?
  2. El problema silencioso: mitocondrias que envejecen
  3. Urolitina A: una ayuda interesante (pero no milagrosa)
  4. ¿Y por qué interesa tanto?
  5. El verdadero protagonista: el entrenamiento en zona 2
  6. ¿Qué es exactamente la zona 2?
    1. ¿Por qué funciona tan bien?
    2. Hábitos diarios que marcan la diferencia

Durante años nos dijeron que la energía dependía de las calorías: comes más, tienes más energía; comes menos, tienes menos. Suena lógico. Pero la realidad la que vemos en consulta cada día es bastante más compleja.

Hay personas que comen bien, incluso hacen ejercicio… y aun así viven cansadas. Otras, en cambio, parecen tener una vitalidad constante. ¿La diferencia? Muchas veces no está en lo que comen, sino en cómo funcionan sus células.

Ahí es donde entran las mitocondrias. Y, sinceramente, entenderlas cambia la forma en que ves tu salud.


¿Qué son las mitocondrias y por qué deberían importarte?

Las mitocondrias son pequeñas estructuras dentro de nuestras células encargadas de producir energía en forma de ATP. Hasta aquí, todo bastante técnico. Pero imagínalas mejor como centrales energéticas diminutas, repartidas por todo el organismo, trabajando sin descanso.

Ahora bien, no todas trabajan igual de bien. Y eso marca la diferencia. Además de producir energía, participan en procesos clave como:

  • La regulación del estrés oxidativo.
  • El metabolismo de grasas y glucosa.
  • La señalización celular.
  • Incluso la muerte celular programada.

Y es que, cuando estas “centrales” empiezan a fallar algo que ocurre con la edad o con ciertos hábitos el cuerpo lo nota. Aparece la fatiga, cuesta más mantener el peso, la recuperación es más lenta. Poco a poco, sin hacer ruido, la salud metabólica se resiente.


El problema silencioso: mitocondrias que envejecen

Con el paso del tiempo, nuestras mitocondrias no solo producen menos energía. También generan más residuos, más estrés oxidativo. Es como un motor que ya no quema bien el combustible: consume más y rinde menos.

Aquí entra en juego un mecanismo fascinante del cuerpo: la mitofagia, una especie de sistema de reciclaje interno.

Su función es clara: eliminar las mitocondrias dañadas y dar paso a otras nuevas, más eficientes. El problema es que, con los años, este sistema pierde eficacia.

El resultado: acumulamos mitocondrias “viejas”, menos eficientes… y eso impacta directamente en cómo nos sentimos cada día.


Urolitina A: una ayuda interesante (pero no milagrosa)

En los últimos años, la Urolitina A ha ganado protagonismo en el ámbito de la longevidad. Y no es casualidad.

Se trata de una molécula que se genera en el intestino a partir de alimentos como la granada o los frutos rojos. Aunque aquí hay un matiz importante: no todo el mundo la produce en la misma cantidad, porque depende de la microbiota intestinal.


¿Y por qué interesa tanto?

Porque la evidencia disponible sugiere que puede:

  • Activar la mitofagia.
  • Mejorar la función mitocondrial.
  • Favorecer la resistencia muscular.
  • Reducir ciertos marcadores inflamatorios.

En estudios en humanos especialmente en personas a partir de mediana edad se han observado mejoras en la función muscular y en biomarcadores relacionados con la salud mitocondrial.

Ahora bien, conviene decirlo con claridad: no es una solución aislada. Funciona mejor como parte de un enfoque global. Dicho de otra manera, es un complemento… no el pilar.

reloj deportivo en zona 2 aerobica

El verdadero protagonista: el entrenamiento en zona 2

Si hubiera que elegir una intervención con impacto real, medible y consistente en la salud mitocondrial, sería esta: el ejercicio aeróbico en zona 2.

Y aquí es donde muchas personas se sorprenden. Porque no hablamos de entrenamientos intensos ni de sesiones extenuantes. Todo lo contrario.


¿Qué es exactamente la zona 2?

Es ese punto en el que te mueves con cierta intensidad, pero aún puedes mantener una conversación. No vas cómodo del todo, pero tampoco estás al límite.

Es, en esencia, el rango donde el cuerpo aprende a usar la grasa como fuente principal de energía.


¿Por qué funciona tan bien?

Porque estimula directamente a las mitocondrias. Las obliga a adaptarse, a multiplicarse, a ser más eficientes.

Con el tiempo, esto se traduce en:

  • Mayor capacidad de producir energía.
  • Mejor control de la glucosa.
  • Menor fatiga en el día a día.
  • Mejor salud metabólica.

Protocolo práctico:

  • Frecuencia: 3–5 días por semana.
  • Duración: entre 45 y 60 minutos.
  • Ejemplos: caminar a paso rápido, bicicleta suave, nadar sin forzar.
  • Referencia útil: puedes hablar, pero no cantar.

Puede parecer sencillo. Y lo es. Pero su impacto, cuando se mantiene en el tiempo, es profundo.

Hábitos diarios que marcan la diferencia

Más allá del ejercicio o los suplementos, la salud mitocondrial se construye o se deteriora en lo cotidiano. En lo que haces cada día, casi sin pensar.

1. Dormir bien (de verdad)

La verdad es que el sueño sigue siendo el gran infravalorado.

Durante la noche, especialmente en las fases profundas, el cuerpo entra en modo reparación. Se optimiza la función mitocondrial, se reduce el estrés oxidativo.

Recomendaciones concretas:

  • Dormir entre 7 y 9 horas.
  • Mantener horarios regulares.
  • Evitar pantallas antes de dormir.
  • Salir a la luz natural por la mañana.

Dormir mal no solo da sueño. A nivel celular, desgasta.

2. Frío: un pequeño estrés con grandes beneficios

Puede no resultar apetecible, pero el frío tiene un efecto interesante sobre las mitocondrias.

Actúa como un estímulo que obliga al cuerpo a adaptarse. Y en ese proceso, mejora.

Cómo aplicarlo:

  • Terminar la ducha con 1-3 minutos de agua fría.
  • Repetir 3-5 veces por semana.

Es incómodo, sí. Pero precisamente ahí está el beneficio.

3. Alimentación: menos ruido, más calidad

No hace falta complicarlo demasiado.

Una alimentación que favorece la salud mitocondrial suele compartir ciertos patrones:

  • Rica en vegetales, especialmente los de colores intensos.
  • Presencia de grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos, pescado).
  • Proteína suficiente para mantener la masa muscular.

Además, estrategias como un ayuno nocturno de 12-14 horas pueden ayudar a activar procesos de limpieza celular.

4. Movimiento constante

No todo es entrenar una hora al día. De hecho, lo que haces el resto del tiempo importa y mucho.

Permanecer muchas horas sentado reduce la actividad mitocondrial.

Pequeños cambios útiles:

  • Caminar entre 8.000 y 10.000 pasos diarios.
  • Levantarse cada hora.
  • Moverse después de las comidas.

Son gestos simples, pero acumulativos.

5. Gestionar el estrés

El estrés crónico no solo afecta a la mente. También impacta directamente en la función mitocondrial.

Incorporar pequeñas pausas de calma puede marcar la diferencia:

  • Respiración lenta durante 5–10 minutos.
  • Momentos de desconexión.
  • Contacto con la naturaleza.

Quizá lo más interesante de todo esto es que cambia el enfoque.

Ya no se trata solo de “tener energía”, sino de producirla mejor. De cuidar ese nivel invisible donde realmente se decide cómo funciona el cuerpo.

Las mitocondrias no se ven. No duelen. Pero condicionan mucho más de lo que pensamos.

Y lo más esperanzador es que responden. A lo que haces cada día. A cómo duermes, cómo te mueves, cómo comes.

Cuidarlas no es complicado. Pero sí requiere constancia. Y, sobre todo, entender que ahí en lo más pequeño empieza lo más importante.

Cuidar tus mitocondrias es cuidar la base de tu salud futura. Sin embargo, para una protección total, es fundamental contar con un respaldo profesional que te acompañe en cada paso. Con los Seguros de Salud de Mapfre, tendrás acceso a los mejores especialistas y programas de medicina preventiva para asegurar que tu energía y bienestar nunca dejen de funcionar al máximo nivel.

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LO QUE DEBES SABER…

  • La energía no depende solo de las calorías, sino del buen funcionamiento de las mitocondrias, que son las responsables de producirla en las células.
  • Con la edad y ciertos hábitos, las mitocondrias se deterioran, pero procesos como la mitofagia, el ejercicio en zona 2 y compuestos como la urolitina A pueden ayudar a mejorar su función.
  • Los hábitos diarios —especialmente ejercicio aeróbico, buen sueño, alimentación saludable, movimiento y gestión del estrés— son clave para mantener una buena salud mitocondrial y, con ello, más energía.

Bibliografía

  • Esteves JV, Stanford KI. Exercise as a tool to mitigate metabolic disease. Am J Physiol Cell Physiol. 2024 Sep 1;327(3):C587-C598. doi: 10.1152/ajpcell.00144.2024. Epub 2024 Jul 9. PMID: 38981607; PMCID: PMC11427015.
  • Singh A, D’Amico D, Andreux PA, Fouassier AM, Blanco-Bose W, Evans M, Aebischer P, Auwerx J, Rinsch C. Urolithin A improves muscle strength, exercise performance, and biomarkers of mitochondrial health in a randomized trial in middle-aged adults. Cell Rep Med. 2022 May 17;3(5):100633. doi: 10.1016/j.xcrm.2022.100633. PMID: 35584623; PMCID: PMC9133463.

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