Enfermedad de parkison y nutrición

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Enfermedad de parkison y nutrición

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurológica degenerativa y progresiva. Se debe a la degeneración y muerte de las neuronas de una zona del cerebro conocida como sustancia negra, lo cual produce la disminución de una sustancia llamada dopamina, […]

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurológica degenerativa y progresiva. Se debe a la degeneración y muerte de las neuronas de una zona del cerebro conocida como sustancia negra, lo cual produce la disminución de una sustancia llamada dopamina, esencial para que los movimientos se realicen de forma ágil, efectiva y armónica. En la enfermedad de Parkinson disminuye en más del 80% la población de estas neuronas. La causa de la degeneración de las neuronas es desconocida.

 

La enfermedad de Parkinson se debe diferenciar de otros procesos denominados parkinsonismos o síndromes parkinsonianos, y que son trastornos que muestran signos y síntomas de la enfermedad de Parkinson pero que son secundarios a una causa identificable y son resistentes a los tratamientos que sí funcionan en la enfermedad de Parkinson. La enfermedad de Parkinson sería un parkinsonismo primario o de causa no conocida. Entre las causas de parkinsonismo “secundario” hay procesos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Huntington (en su variante rígida), la parálisis supranuclear progresiva o la atrofia olivopontocerebelosa; accidentes vasculares cerebrales; traumatismos repetidos (como los producidos en el boxeo y que causan la llamada “encefalopatía pugilística”); ciertos procesos infecciosos (incluidas las enfermedades causadas por priones); tras vacunaciones; la toma medicamentos como el haloperidol o la metoclopramida; o por ciertos trastornos metabólicos como la enfermedad de Wilson, la degeneración hepatocerebral adquirida, el hipoparatiroidismo y el pseudohipoparatiroidismo. Nos referiremos a la enfermedad de Parkinson, aunque muchos conceptos a los que nos referiremos son válidos para cualquier forma de parkinsonismo.

 

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad frecuente y que suele iniciarse entre los 40 y 70 años de edad. No obstante también puede debutar antes de los 40 años.

 

Se ha dicho que la grasa saturada (grasa de origen animal) podría incrementar el riesgo de padecer la enfermedad, mientras que la alimentación que sigue el patrón de dieta mediterránea, es decir, con abundantes frutas y verduras, rica en legumbres, cereales y frutos secos y con pescado como fuente de proteínas y grasas, disminuiría la incidencia de esta enfermedad. De igual forma, la ingesta de vitamina B6 a altas dosis podría ser protectora frente a la presentación de la enfermedad.

 

Los principales síntomas de la enfermedad de Parkinson y presentes en la mayoría de los pacientes son el temblor en reposo (que suele desaparecer durante los movimientos voluntarios), la rigidez muscular, la lentitud y la poca amplitud de los movimientos voluntarios, los trastornos del equilibrio postural (que generan alteraciones de la marcha y caídas al suelo), y la marcha característica (es una marcha a pasos rápidos y cortos de forma incontrolada llamada “marcha festinante”). Pueden aparecer otros síntomas como problemas de habla o disfonía, deterioro de la escritura a mano, dificultad para tragar (disfagia), falta de la expresión facial (faz inexpresiva, que se ha llamado facies de jugador de póker o facies de máscara), síntomas autonómicos (hipotensión postural, urgencia urinaria, sudoración), seborrea, dolor y otros síntomas sensoriales, cansancio, disfunción cognitiva y demencia, depresión, trastornos del sueño, problemas sexuales y estreñimiento.

 

Sin tratamiento, la enfermedad de Parkinson evoluciona en plazo de 5 a 10 años hasta un estado donde la persona está rígida y sin prácticamente movimientos, con temblor intenso, y donde el paciente es incapaz de valerse por sí mismo y está confinado a una silla de ruedas o inmovilizado en la cama. La muerte suele sobrevenir por complicaciones de la inmovilidad, entre ellas neumonía por aspiración o embolia pulmonar. La disponibilidad de tratamiento farmacológico eficaz ha cambiado radicalmente el pronóstico de la enfermedad de Parkinson; en la mayor parte de los casos, se puede conservar una buena movilidad funcional durante muchos años, y la esperanza de vida de los pacientes tratados adecuadamente se incrementa en grado sustancial.

 

La enfermedad de Parkinson y los parkinsonismos en general producen alteraciones negativas en el estado nutricional del paciente, que son las que vamos a poder modificar y tratar. Vamos a repasarlas brevemente.

 

Malnutrición y pérdida de peso: Suelen deberse a varias causas:

 

  • Incapacidad del paciente para realizar movimientos coordinados, así como el temblor de manos, que les hace incapaces o les dificultan el uso correcto de los cubiertos.
  • Alteraciones en la salivación (babeo) y en la masticación.
  • Pérdida del apetito secundaria a las alteraciones del hipotálamo propias de la enfermedad.
  • Depresión asociada, que también contribuirá al rechazo a tomar alimentos.
  • Estreñimiento.
  • Disfagia (dificultad de tragar el alimento), que aparece en fases avanzadas.

En ocasiones, los medicamentos utilizados como tratamiento de la enfermedad pueden provocar efectos adversos como pérdida de apetito, menor sensibilidad olfativa, náuseas, estreñimiento, etc., que dificultan la ingesta de alimentos.

 

Posible aumento del gasto energético: Los temblores en reposo son una característica de la enfermedad, lo que podría incrementar el gasto energético de estos pacientes; sin embargo, la limitación de la movilidad hace que se compense el gasto y que la mayoría de los pacientes no presenten un gasto energético total aumentado.

 

Otros aspectos a considerar hacen referencia a que el aparato digestivo, con formación de fecalomas, que dificultan la defecación.

 

Una vez identificados los problemas nutricionales, actuaremos en consecuencia. Junto al tratamiento farmacológico, basado en la administración de levodopa, es posible ayudar a estos enfermos para conseguir una correcta nutrición. A continuación se exponen algunas soluciones prácticas para evitar la desnutrición, la pérdida de peso y el riesgo lesiones o complicaciones en los pacientes con parkinsonismo:

Aspectos relacionados con la nutrición:

  • Realizar comidas frecuentes y poco abundantes (por ejemplo, 5 ó 6 tomas al día).
  • Utilizar la máxima variedad de alimentos.
  • Elegir los alimentos según las preferencias del paciente.
  • Cuidar la presentación de los platos. Deben ser platos que llamen la atención del paciente, con una amplia gama de colores y formas, y no repetirlos.
  • Los alimentos deben ser de texturas suaves y homogéneas.

Asegurar una alta ingesta de proteínas, tanto de origen animal como vegetal. Se encuentran en carnes, pescado, huevos, leche, legumbres. No obstante, hay que considerar la interacción de la levodopa, fármaco usado en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, con las comidas ricas en proteínas (ver más adelante en el texto).

 

Dar pescados azules, que son ricos en grasa poliinsaturada.

 

Los hidratos de carbono son una buena fuente de energía, pero hay que evitar que se consuman en exceso los azúcares simples.

 

Las grasas mejoran el sabor de los alimentos y son vehículo de vitaminas liposolubles y ácidos grasos esenciales. Debemos aumentar el aporte de insaturadas y poliinsaturadas (aceites de oliva, girasol, soja, pescado, etc.) y disminuir las saturadas (grasas animales, etc.).

 

El aporte de vitaminas y minerales se logra con la inclusión en la dieta de hortalizas, frutas y verduras frescas.

 

Debe limitarse el consumo de vitamina B6 (piridoxina) en pacientes en tratamiento con levodopa ya que esta vitamina disminuye la absorción del fármaco; si el paciente toma algún preparado multivitamínico, es conveniente comprobar su contenido en esta vitamina.

 

Asegurar la toma de, al menos, un litro y medio de agua y líquidos al día, aunque el paciente no tenga sensación de sed; en caso de dificultad para tragar usar espesantes.

 

La ingesta de alimentos ricos en fibra favorece la actividad intestinal y evita el estreñimiento. La encontramos en verduras, frutas y cereales integrales.

 

Aumentar la ingesta de alimentos ricos en fibra para favorecer la actividad intestinal y evitar el estreñimiento. La fibra se encuentra en verduras, frutas, legumbres y cereales integrales. Se acompañará de un mayor aporte de líquidos (4 a 6 vasos de agua al día).

 

Evitar alimentos astringentes (arroz, chocolate, etc.).

 

En caso de estreñimiento: es útil tomar 2 ó 3 ciruelas en ayunas, una infusión de semillas de lino o un yogur con ciruelas trituradas antes de desayunar o un suplemento de fibra.

 

Evitar quesos de consistencia pastosa y/o dura.

 

Evitar carnes fibrosas de difícil masticación.

 

Evitar frutos secos enteros.

 

Evitar dulces que se adhieran al paladar.

 

Retirar las espinas de los pescados.

 

Preparar alimentos que el paciente pueda comer con las manos, sin necesidad de utensilios, como croquetas, albóndigas o calamares a la romana.

 

Evitar las bebidas alcohólicas, procurando beber agua, zumos naturales de frutas e infusiones.

Asegurar la ingesta de lácteos por su alto contenido en proteínas y ricos en calcio y vitamina D (importante para prevenir las fracturas óseas).

 

Seguir un horario de comidas regular.

 

Comer sentado en la mesa y en un ambiente tranquilo para evitar distracciones.

 

Comer sin prisas y masticar bien los alimentos.

 

Evitar las distracciones durante la comida como el televisor, niños jugando en la misma habitación, llamadas de teléfono, etc.

 

Los alimentos deben estar siempre a una temperatura adecuada ya que en fases avanzadas de la enfermedad, el paciente no distingue entre caliente y frío y está muy expuesto a lesiones.

 

Si el enfermo tiene riesgo de lesionarse, utilizar utensilios (vasos, platos, cubiertos) de plástico que no se rompan.

 

Para evitar el derrame de líquidos (sopa, consomé, …) de la cuchara debido al movimiento incontrolado de la mano, se pueden utilizar espesantes de venta en farmacias, gelatinas o harina de maíz.

Tratar la dificultad para tragar (disfagia) cuando ésta se presente:

 

Cortar en pequeños trozos o triturar los alimentos.

 

Utilizar espesantes con los líquidos. Se pueden emplear espesantes de venta en farmacias, gelatinas o harina de maíz.

 

Administrar los alimentos en textura puré o papilla.

 

Ablandar los alimentos sólidos añadiendo líquidos (leche, caldo, salsas) para conseguir texturas suaves.

 

Modificar la forma de comer: ingerir cantidades pequeñas de alimento de una sola vez, masticar bien y lentamente, y dar tiempo suficiente para su deglución; no añadir alimento en la boca, sin haber tragado lo anterior.

 

Evitar los alimentos secos y pegajosos y los que se dispersan por la boca, como las galletas.

 

No hablar al mismo tiempo que se está comiendo o bebiendo.

 

Se adaptará la dieta si el paciente presenta otras patologías (diabetes mellitus, hipertensión arterial, aumento del colesterol).

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4.5 ( 4 votos )
2018-06-10T11:32:03+00:003 noviembre, 2016|

Comentarios (4)

  1. Alfonso Escudero Vera abril 8, 2017 en 7:50 pm - Responder

    Muy completo y muy impresionante

  2. CARLOS ALBERTO VILLEGAS MEJIA diciembre 16, 2016 en 12:52 am - Responder

    MUY DIDACTICO Y POR LO TANTO DE APLICACION PRACTICA.

    MIL GRACIAS

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