Nombrar es existir. Cuando decidimos cómo llamar a un colectivo, fijamos nuestra postura: ¿los vemos como ciudadanos con plenos derechos o como pacientes que necesitan cura?
En las últimas décadas, el lenguaje en torno a las personas con discapacidad o con diversidad funcional ha cambiado radicalmente. Este cambio refleja una transformación profunda: ¿el problema reside en la persona o en una sociedad que no está adaptada?
¿Personas con discapacidad o diversidad funcional?
Durante el siglo XX, términos como «inválido», «minusválido» o «disminuido» transmitían que estas personas valían menos o estaban incompletas. En España, esta terminología quedó fijada en el artículo 49 de la Constitución de 1978. Aunque en su momento fue un avance protector, la redacción envejeció mal.
La reforma definitiva llegó en 2024:
- Enero de 2024: El Congreso aprobó sustituir los términos obsoletos por «personas con discapacidad», ampliando sus derechos de forma efectiva.
- Febrero de 2024: Entró en vigor la reforma tras la ratificación del Senado y la sanción del Rey, convirtiéndose en la primera modificación constitucional de marcado carácter social.
Este hito consolidó en España un proceso iniciado en 2007 con la ratificación de la Convención de la ONU.
La convención de la ONU: un antes y un después
La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006) cambió el paradigma global. Dejó de entender la condición de la persona como un simple problema médico y acuñó una nueva definición:
Las personas con discapacidad son aquellas que tienen deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, pueden impedir su participación plena en igualdad de condiciones.
Bajo este modelo social, la discapacidad no está en el individuo, sino en un entorno que no es accesible. Si una persona en silla de ruedas se encuentra con una rampa, no hay barrera; el problema surge si solo hay escaleras. Actualmente, 185 de los 193 estados de la ONU respaldan este criterio.
¿Qué es la diversidad funcional?
Este concepto nació en 2005 dentro del Foro de Vida Independiente en España, impulsado por los propios activistas Javier Romañach y Manuel Lobato. Su objetivo era sustituir la lógica de «lo que falta» por una visión positiva: personas que funcionan de manera diferente a la mayoría, sin que eso implique inferioridad.
La diversidad funcional busca:
- Eliminar la carga moral: Ser diferente no equivale a ser deficiente.
- Visión positiva: Es la primera terminología de la historia creada desde dentro del propio colectivo que promueve la promoción de la autonomía personal sin términos médicos de por medio.
¿Cómo se dice discapacidad o diversidad funcional?
Aunque «diversidad funcional» tiene una gran carga positiva, no ha sustituido a «discapacidad» debido a razones de peso defendidas por el propio sector (como la federación Plena Inclusión):
- Seguridad jurídica: «Discapacidad» es el término legal que figura en la legislación y la Convención de la ONU; usarlo garantiza el acceso a subvenciones, prestaciones y derechos.
- Riesgo de invisibilización: Diluir todo bajo la etiqueta de «diversidad» puede ocultar las necesidades de apoyo intensivo que requieren muchas personas.
- Uso internacional: No tiene una traducción o equivalente fuerte en otros idiomas, limitando su uso en la literatura científica global.
Los modelos que explican la discapacidad
La evolución histórica y conceptual de la discapacidad se resume en cuatro grandes enfoques:
| Modelo | Origen / Enfoque | Perspectiva Actual |
| Prescindencia | Antiguo. Consideraba al individuo una carga social o castigo divino. | Exclusión o eliminación. |
| Médico / Rehabilitador | Siglo XX. Enfocado en la enfermedad o deficiencia del paciente. | El objetivo era curar o «normalizar» a la persona. |
| Social | Moderno. Sitúa la dificultad en las barreras del entorno. | Es responsabilidad de la sociedad eliminar los obstáculos. |
| De la Diversidad | Actual. Incorpora una dimensión ética y de derechos. | Valora la diferencia como parte de la riqueza humana. |
¿Cuál es el término correcto?
Depende del contexto:
- En el ámbito legal, médico y de políticas públicas, el término correcto es discapacidad, ya que abre las puertas a los derechos y coberturas reguladas.
- En el ámbito educativo o informal, diversidad funcional es una opción válida para enfatizar la inclusión y la dignidad.
Por encima de las etiquetas, la regla de oro es preguntar a la persona cómo prefiere ser llamada. Lo que sí genera consenso absoluto es el descarte de términos antiguos como «minusválido» o la expresión condescendiente «sufre de».
Garantizar la calidad de vida y el respaldo ante cualquier necesidad diaria es fundamental para construir una sociedad inclusiva. Con el Seguro de Salud Mapfre, tendrás a tu disposición una amplia red de especialistas y soluciones de asistencia médica personalizadas para proteger tu bienestar y el de tu familia en cualquier situación.
LO QUE DEBES SABER
- Enfoques distintos: «Discapacidad» mantiene el peso legal y el acceso a derechos, mientras que «diversidad funcional» aporta una visión ética y social.
- Objetivo común: Ambos términos buscan dignificar a la persona superando un vocabulario histórico discriminatorio.
- Evolución social: El lenguaje se transforma a la par que los avances en inclusión y el cuidado integral de la salud.
Bibliografía
- Romañach, J. y Lobato, M. (2005). Diversidad funcional, nuevo término para la lucha por la dignidad en la diversidad del ser humano. Foro de Vida Independiente.
- Organización de las Naciones Unidas (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Resolución A/RES/61/106). Asamblea General de la ONU.
- Canimas Brugué, J. (2015). ¿Discapacidad o diversidad funcional? Siglo Cero: Revista Española sobre Discapacidad Intelectual, 46(2), 79–97.
- Plena Inclusión (2023). Posicionamiento sobre terminología. Madrid.
- Figuereo-Benítez, J. C. et al. (2024). Evolución del lenguaje mediático sobre discapacidad. Ámbitos: Revista Internacional de Comunicación, 65, 12–31









