Es el medio en el que tienen lugar todas las reacciones químicas del cuerpo, actúa como transportador de nutrientes y como vehículo para eliminar productos de desecho, lubrica y proporciona soporte estructural a tejidos y articulaciones, y tiene un papel fundamental en la regulación de la temperatura corporal, imprescindible para evitar la deshidratación.

Cómo nos deshidratamos

El organismo pierde líquidos por diferentes vías, pues funciones tan habituales como respirar, sudar, orinar o defecar hacen que se pierda agua. Pero, sobre todo, lo que marca la diferencia en la deshidratación son las condiciones ambientales como la temperatura o la humedad ambiental, además del grado de actividad física.
La deshidratación se define como el proceso de pérdida de agua corporal y lo más común entre los niños es que se produzca por: vómitos o diarreas frecuentes en la edad infantil, una sudoración excesiva o una insuficiente ingesta de líquidos.

Se estima que el 70% del peso corporal de los lactantes está compuesto por agua, frente al 50% de un adulto. La fisiología del bebé es distinta a la del adulto, tiene una menor capacidad de sudoración y de eliminación de sustancias en algunas vías de desecho. También debemos prestar especial atención en la hidratación de los más pequeños pues no son conscientes de tener sed mientras están entretenidos con actividades placenteras o cuando realizan movimiento continuado, como correr, saltar, etc. donde la deshidratación es más probable. Dependiendo de la edad, el niño necesitará beber más o menos agua.

¿Los bebés deben beber agua?

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) orienta sobre los requerimientos de agua en la edad infantil, ya que los bebés menores de seis meses que toman pecho obtienen líquidos suficientes con el agua que les proporciona la leche materna. Esta tiene más del 80% de agua, especialmente la primera leche que el bebé consume cada vez que mama.

Si la madre percibe que el bebé tiene sed, amamantarlo será suficiente, los bebés no necesitan agua adicional, ni siquiera en climas con altas temperaturas ni en periodos de fiebre. El hecho de ofrecerles agua puede reducir su sensación de hambre y no necesitar tanta leche, y esto podría dificultar su crecimiento. Esta es una de las razones por las que la OMS recomienda que niños y niñas reciban lactancia materna exclusiva los primeros seis meses de vida.

A partir de los seis meses, cuando se inicia la alimentación complementaria, puede empezar a ofrecerse agua, sobre todo en épocas de más calor, aunque si la lactancia materna es a demanda los niños recibirán suficientes líquidos y cubrirán sus necesidades diarias, que la EFSA estipula entre 800 y 1000 ml de líquidos al día. Aunque se debe empezar a ofrecer agua al bebé de manera regular varias veces al día, tomará mayor o menor cantidad en función de su sed.

La hidratación en la edad infantil

A medida que crecen, es importante insistir más en la ingesta de agua, pues los bebés suelen estar muy dispuestos a beber, ya que pueden mostrar sus nuevas habilidades como aguantar primero el biberón o vaso adaptado y luego el vaso normal, algo que les resulta muy interesante y novedoso.

Por el contrario, a medida que crecen muestran más interés por otras actividades y no suelen “tener tiempo” de beber. Es en esta franja donde la EFSA estipula beber entre 1,1 y 1,3 litros de líquidos al día, y que entre 800 ml y 1 litro provengan del agua. Lógicamente no tenemos que estar midiendo cada gota de agua que beben, pero sí debemos ofrecer más a menudo agua. Si beben entre cuatro y cinco vasos al día será más que suficiente, pero esto sólo es una orientación, pues si beben agua cada vez que se la ofrecemos, beberán la cantidad que necesiten hasta saciar su sed.

La hidratación en adolescentes

El mayor problema que nos encontramos entre los adolescentes, no es que no beban suficiente cantidad de líquidos, sino que sustituyen el agua por otro tipo de bebidas, habitualmente ricas en azúcares. Es importante recordarles que el agua debe ser la bebida principal y no los refrescos, zumos, etc. por lo que en casa será la bebida que ofreceremos tanto en las comidas como entre horas.

En verano: cuidado con la hidratación

En épocas de verano, las vacaciones y la mayor exposición al sol hacen aumentar las posibilidades de una posible deshidratación entre los más pequeños, pues en estas épocas las pérdidas de sudor se multiplican por diez. Debemos prestar atención los signos de alerta:

  • Sequedad de boca y labios
  • Que el niño lleve varias horas sin orinar
  • Ojos hundidos
  • Debilidad en general

Por el contrario, si el niño está activo, tiene lagrimal en el ojo y orina con normalidad suelen estar bien hidratados. Pero si la humedad es alta y la temperatura supera los 30ºC, ofreceremos mayor cantidad de líquidos.

Causas especiales de deshidratación

  • Diarrea y gastroenteritis: cuando se sufre un trastorno gástrico, ya sea vírico o bacteriano se producen pérdidas hídricas que pueden multiplicarse por ocho, y los causantes son los vómitos y las diarreas. En este caso, cuando el agua no es bien aceptada (vómitos incluso tras la ingesta de agua), la mejor rehidratación es con suero oral, así se recuperan tanto las sales minerales como el agua.
  • Estreñimiento: si el estreñimiento forma parte del día a día de algunos pequeños, una de las primeras cosas en las que debemos fijarnos es en el consumo de frutas, verduras y hortalizas, y en la ingesta de agua. Todas ellas facilitan que las heces sean más blandas y fluidas y mejore notablemente el estreñimiento.
  • Actividad física: la práctica de deportes o el aumento de actividad física en forma de juegos o actividades al aire libre incrementa la deshidratación, sobre todo si superan la hora de duración. No sólo se pierde agua en forma de sudor, sino que en muchos casos se da como evaporación, la cual es menos perceptible y no se asocia a la necesidad de beber líquido. Que no sude, no quiere decir que no tenga que beber.
  • Niños diabéticos: altos valores de glucosa en sangre son eliminados en parte por la orina, y esta glucosa eliminada va acompañada de grandes cantidades de agua para poder formar la orina. Por lo tanto, una glucosa mal controlada y mantenida en el tiempo incrementa el riesgo de deshidratación.

¿Cómo hidratarlos correctamente?

Además de ofrecerles agua como bebida principal, las frutas, verduras y hortalizas deben formar parte de la alimentación diaria. Otras opciones válidas para hidratar es consumir caldos, sopas, leche si se desea, pero siempre tener en cuenta las condiciones térmicas y de humedad ofreciendo mayor cantidad de agua a mayores cifras.

 

Lo que debes saber
  • Los bebés menores de 6 meses que amamantan obtienen líquidos suficientes con el agua que les proporciona la leche materna, no necesitan agua adicional, ni siquiera en climas con altas temperaturas ni en periodos de fiebre.
  • Debemos prestar especial atención a la hidratación de los más pequeños pues no son conscientes de tener sed mientras están entretenidos con actividades placenteras o cuando corren, saltan… momentos en que la deshidratación es más probable.
  • Durante la actividad física no sólo se pierde agua en forma de sudor, sino que en muchos casos se da como evaporación, la cual es menos perceptible y no se asocia a la necesidad de beber líquido.