Crisis epilépticas

Las crisis son la manifestación de una actividad excesiva de un grupo o de todas las neuronas, que se producen por descargas de impulsos neuronales generalizados y desordenados, y que parecen provocadas por alteraciones en el equilibrio de los neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten las señales entre las neuronas).

Las crisis epilépticas suelen durar segundos o pocos minutos. En algunos casos pueden ser difíciles de percibir si su sintomatología es poco evidente y su duración muy corta. Muchas crisis suelen acabar con un periodo de somnolencia postcrítica, que puede durar más de una hora, y en la que el niño está adormilado y con una respuesta anormal a los estímulos. En muchas ocasiones no recuerda lo que le ha pasado ni tiene conciencia de los minutos previos y posteriores a la crisis (amnesia postcrítica).

Qué hacer ante una crisis epiléptica

La mayor recomendación es mantener la calma. Aunque la crisis sea muy espectacular casi nunca provoca lesiones y tiende a ceder por sí sola en pocos minutos, aunque después suele ir seguida de un estado postcrítico que puede alargar la duración aparente.

Posteriormente, debe tumbarse al niño en una superficie segura y colocarlo de lado, para evitar obstrucciones de las vías respiratorias. No debe introducirse ningún objeto en la boca y es aconsejable avisar a un servicio de urgencias o trasladar el niño al centro sanitario más cercano.

Tipos de crisis epilépticas

Hay diferentes tipos de crisis epilépticas, las cuales se pueden clasificar en dos grandes grupos:

1. Crisis parciales o focales: afectan a un grupo de neuronas y las manifestaciones de la crisis se relacionan con la zona donde se localiza el problema.

  • Simples: sin pérdida de conciencia.
  • Complejas: con pérdida de conciencia.

2. Crisis generalizadas: afectan a todas las neuronas cerebrales.

  • Ausencias: es la pérdida de conciencia junto con la parada de actividad del niño.
  • Atónicas: caída brusca por pérdida del tono muscular.
  • Generalizadas tónicas: contracción muscular general.
  • Generalizadas tónico-clónicas: rigidez corporal junto con sacudidas musculares generalizadas.

No se debe confundir con las convulsiones febriles 
Las convulsiones febriles no se consideran epilepsia. Menos del 5% de niños con convulsiones febriles pueden padecer epilepsia. Algunos factores predictivos como la repetición frecuente de crisis febriles, el tipo de convulsión, los antecedentes familiares de epilepsia y las alteraciones en la exploración neurológica pueden indicar qué niños tienen más riesgo.

Diagnóstico

La prueba fundamental para el diagnóstico de la epilepsia es el electroencefalograma (EEG). Es una prueba indolora y sin efectos secundarios, que no requiere sedación ni anestesia. Se realiza mediante la aplicación de unos electrodos en la superficie del cuero cabelludo que registran la actividad eléctrica del cerebro. Así, el especialista puede evidenciar las descargas (focos irritativos) que provocan las crisis, su intensidad y localización. En los casos en que se sospeche la existencia de una causa concreta (epilepsia sintomática), se pueden realizar otras pruebas, como la TAC, la resonancia nuclear magnética (RNM), otros análisis, estudios genéticos, etc.

Tratamiento

La epilepsia es una de las enfermedades del sistema nervioso central del niño con un tratamiento más efectivo, aproximadamente en el 75% de los pacientes se controla con medicación. Hay una gran variedad de medicamentos antiepilépticos y será el neurólogo quien ha de indicar el más adecuado para la edad del paciente y el tipo de epilepsia. En general, se administran dosis que varían según el peso del niño y que se reparten en dos o tres tomas al día. La mayoría de los tratamientos cumplen con el objetivo general de eliminar las crisis lo antes posible, con un solo fármaco, sin efectos secundarios remarcables y sin interferir en las actividades de la vida diaria. Durante el tiempo que dura el tratamiento, el neurólogo realiza controles periódicos, normalmente un par de veces al año si la epilepsia está bien controlada. Se practica un EEG de control, así como un análisis de sangre para valorar la tolerancia a la medicación y los niveles del fármaco en sangre. Las dosis se ajustan progresivamente según los resultados y la respuesta al tratamiento. Los padres deben informar al médico sobre cualquier incidencia que pueda aparecer como mal control de las crisis, posibles efectos secundarios, etc.

La mayor parte de las epilepsias no debidas a una lesión cerebral se controlan y se curan con la medicación. Este proceso puede durar algunos años, tiempo que dependerá estrechamente de varios factores, como el tipo de epilepsia, la edad de comienzo de las crisis y la respuesta al tratamiento antiepiléptico. Si las crisis se controlan precozmente y no existen lesiones previas en el sistema nervioso, los niños pueden hacer una vida completamente normal y no se producen alteraciones en su desarrollo psicomotor ni intelectual.

En caso de no lograr controlar la epilepsia mediante medicación, como le ocurre a un 5% de los pacientes, hoy en día se puede hacer cirugía de la epilepsia, técnica con la cual hasta un 75% de los pacientes con epilepsia focal fármacorresistente puede quedar libre de crisis si es buen candidato para la operación.

¿Se pueden prevenir las crisis?

La mayor manera de prevenir una crisis epiléptica es tomar la medicación pautada por el neurólogo, realizar los controles rutinarios del niño y, en algunos casos, monitorear los niveles de fármaco en sangre.
Además, como prevención, se deben tomar con moderación las bebidas excitantes y el niño debe dormir y descansar por la noche, sin abusar de pantallas ni videoconsolas.

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Lo que debes saber…

  • Es una enfermedad del cerebro que puede producir crisis epilépticas repetidas que duran segundos o pocos minutos y suelen acabar con somnolencia postcrítica.
  • Los niños epilépticos deben hacer una vida completamente normal ya que existen fármacos capaces de controlar las crisis y curar la epilepsia.
  • Prevención: tomar bebidas excitantes con moderación y descansar bien por la noche, sin abusar de pantallas ni videoconsolas.