Superar el resentimiento

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Superar el resentimiento

LO QUE DEBES SABER… Plantearse si tiene sentido o utilidad aferrarse al resentimiento es una de las primeras cosas a valorar. Intentar ponerse en el lugar del otro puede ayudar a entender mejor la situación y empezar a resolverla. Si […]

LO QUE DEBES SABER…
  • Plantearse si tiene sentido o utilidad aferrarse al resentimiento es una de las primeras cosas a valorar.
  • Intentar ponerse en el lugar del otro puede ayudar a entender mejor la situación y empezar a resolverla.
  • Si no somos capaces de afrontarlo o manejarlo, ni con ayuda de personas cercanas, puede ser útil consultar con un especialista.

Su aparición produce repetidamente el enojo y el dolor que lo acompañan e impide disfrutar plenamente de la vida. Suele mantenerse en el tiempo por la incapacidad de resolverlo o porque la persona que lo sufre no está dispuesta a solucionarlo.

Para superar el resentimiento podemos tener en cuenta las siguientes indicaciones:

  • Reflexionar sobre la seriedad de la ofensa que se ha podido percibir, y que ha originado su aparición, y plantearse hasta qué punto tiene sentido o utilidad aferrarse a este sentimiento por más tiempo.
  • Tener en cuenta el elevado coste para la propia salud física y emocional que tiene el hecho de albergar en nuestro interior durante mucho tiempo un sentimiento negativo. Ser conscientes de que este resentimiento nos mantiene encadenados a la persona que lo provocó.
  • Detectar qué necesidad propia no tuvo en cuenta la persona que nos lastimó; por ejemplo, necesidad de reconocimiento, de valoración, de respeto, de consideración, de aprobación o de amor, entre otras, y plantearse si esta necesidad está siendo demasiado elevada.
  • Identificar qué podemos hacer para mejorar la situación existente; es decir, si se puede realizar alguna conducta para finalizar o reducir el resentimiento. Por ejemplo, hablar con la persona que lo provocó, contrastar su punto de vista sobre lo que sucedió o incluso llegar a algún pacto o acuerdo con la misma. Escribir sobre cómo nos sentimos o sobre lo que desearíamos transmitirle a la otra persona es una opción que puede ser beneficiosa para empezar a resolver la situación, sobre todo si no se contempla la posibilidad de hablarlo directamente.
  • Examinar la situación desde la perspectiva de la otra persona, intentando ponerse en su lugar. Es importante pensar si esa persona era consciente del daño y dolor que nos provocó y si era eso lo que pretendía. Puede existir alguna explicación o justificación para el comportamiento que mostró, por ejemplo si está enferma, cansada o preocupada por algún motivo, o si tiene algún problema importante que no sabe manejar. Es importante pensar que los comportamientos agresivos o inapropiados de otras personas están hablando de la persona que los muestra y de su dificultad para canalizar adecuadamente sus emociones; por lo tanto, no debemos responsabilizarnos nosotros de los mismos.
  • Revisar las propias creencias o pensamientos, ya que puede que sean excesivamente rígidos, perfeccionistas o idealistas. Es importante realizarse preguntas del tipo: “¿Cómo debería haber pasado todo?”, “¿Sientes la necesidad de que los demás actúen siempre correctamente?”, “Estás aceptando a los demás tal como son o estás exigiéndoles que se muestren cómo tú eres o como tú deseas?”.

Hay ocasiones en las que el resentimiento se utiliza como una forma de castigar al otro o de pretender que se sienta culpable por su actitud. En otros casos, también produce un sentimiento de pena hacia uno mismo o hace que los demás reaccionen cuidándonos o protegiéndonos más. Estos hechos pueden provocar que la persona no se responsabilice de su propia emoción y, por lo tanto, no la afronte y maneje adecuadamente, permitiendo que perdure en el tiempo.

Dueños de nuestras emociones

Si ante el resentimiento creemos que es la otra persona la que nos hace sentir así, quizás tengamos que cambiar el propio punto de vista, ya que nadie puede obligarnos a sentir nada, es fruto de nuestra interpretación. Somos nosotros los dueños de esta emoción y, por lo tanto, los encargados de resolverla.

Si uno mismo, por sus propios medios o con la ayuda de las personas más cercanas, no consigue superar o resolver un determinado estado como el propiciado por el resentimiento, puede serle de utilidad la ayuda profesional de un psicólogo.

Elena Mató

Especialista en Psicología Clínica

Psicólogo consultor de Advance Medical

2019-07-02T14:19:31+02:0030 julio, 2016|

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