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La obesidad es uno de los factores que más incrementa la aparición de las enfermedades cardiovasculares, ya sea por ella misma o por los factores de riesgo asociados (hipertensión arterial, diabetes mellitus, tendencia a la trombosis, alteraciones de las grasas de la sangre). Este efecto de la obesidad es muchísimo mayor cuando la grasa tiene una distribución en el abdomen.

 

Para que el peso permanezca estable, el aporte de energía (calorías) debe ser equivalente al gasto energético (también calorías). Las formas de dicho gasto incluyen el gasto energético en reposo (llamado metabolismo basal), la actividad física y el costo energético del metabolismo de los alimentos (efecto térmico de los alimentos).

 

La alimentación saludable que se comenta en otros apartados de este capítulo debe contemplar esto: las calorías aportadas por la alimentación. Una ingesta calórica excesiva suele deberse a un consumo abundante de alimentos ricos en grasa, independientemente que esta grasa sea grasa «sana» como el aceite de oliva.

 

La grasa es el principio inmediato más calórico que existe: el agua no tiene calorías (0 kcal/gramo de agua), los hidratos de carbono y las proteínas 4 kcal/gramo, y las grasas 9 kcal/gramo. Sin embargo, no debe suprimirse la grasa de la dieta o reducirla drásticamente ya que ello dificulta que la alimentación sea agradable para la persona.

 

El mayor consumo de calorías unido a una baja actividad física y al sedentarismo laboral, televisivo, Internet, etc. predisponen al sobrepeso u obesidad.

 
 

Dr. José Félix Meco

Especialista en Medicina Interna

Medico consultor de Advance Medical
 
Deborah Blasco

Enfermera especialista en Nutrición

Enfermera consultora de Advance Medical