Comunicación

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El recién nacido todavía no sabe quién es y quiénes son los que le rodean, la no conciencia de sí mismo le hace creer que mamá y él son una misma cosa. Lo que sí conoce y reconoce a la […]

El recién nacido todavía no sabe quién es y quiénes son los que le rodean, la no conciencia de sí mismo le hace creer que mamá y él son una misma cosa.

Lo que sí conoce y reconoce a la perfección es la voz y el olor de su madre (durante el embarazo la ha oído hablar constantemente). En cambio los padres necesitan un periodo de conocimiento de su bebé para consolidar el vínculo padres-hijo.

 

Desde las primeras horas de vida tiene interés por las personas, es un ser sociable y preferirá el contacto y la interacción con ellas que con juguetes u otros objetos. Le gusta mucho mirar los rostros y recibir caricias, besos y abrazos.

 

El recién nacido está preparado para saber que su bienestar depende de los cuidados de los otros: alimento, limpieza y cariño. Es por ello que utiliza el llanto para manifestar sus necesidades o molestias. Los bebés han utilizado el llanto, desde los orígenes del ser humano, como herramienta de supervivencia. Gracias a que pueden llorar los adultos les han dado los cuidados que ellos necesitan para vivir.

 

La persona con la que más le gusta estar es con su mamá; ha estado en contacto íntimo con ella durante nueve meses en un ambiente perfecto: temperatura adecuada, alimentación constante, oscuridad y meciéndose en un medio acuático… Pero con el nacimiento todo esto ha cambiado mucho: el ambiente ya no está siempre a la misma temperatura, tiene frío, hay mucha luz y la alimentación es fraccionada. A todos estos cambios el bebé se ha de adaptar poco a poco… esto requiere tiempo y dosis de paciencia y comprensión por parte de los padres.

 

No se debe dejar llorar a un bebé recién nacido, se han de atender siempre sus necesidades. Cuando atiendes al bebé que llora no lo estás consintiendo, sino que estás respondiendo a sus necesidades, le prestas atención y lo llenas de cariño. Dejar llorar a un bebé durante un largo periodo de tiempo no le enseña nada: ni a dormirse solo, ni a esperar más la toma del biberón, ni a no necesitar cariño… Tan sólo le está enseñando que no hay nadie cerca a quien le importe y que no pueden hacer nada por él.

 

Atenderlo siempre que lo demande le ayuda a comprender que siempre hay alguien que le cuida y cubre sus necesidades; esto genera mucha seguridad en el bebé.

 

Por todos estos motivos, en los primeros meses de vida, no tienen cabida las normas, la disciplina y el «dejar llorar». Esto no implica que los bebés no se beneficien de las rutinas. Hasta más allá de los dos o tres meses de edad no podemos pedir al bebé que tenga un ritmo marcado de alimentación y sueño. ¡Todo llegará!

 

 

Dra. Esther Martínez García

Especialista en Pediatría

Médico consultor de Advance Medical

 

 

2018-08-28T15:03:41+02:003 noviembre, 2016|

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