2 Min de lectura | El uso de fármacos en las personas mayores ha de tener en cuenta las características diferenciales que tiene estos individuos, tanto anatómicas, como metabólicas, funcionales e incluso sociales y de entorno.   Como siempre, en medicina, se ha de tener […]

El uso de fármacos en las personas mayores ha de tener en cuenta las características diferenciales que tiene estos individuos, tanto anatómicas, como metabólicas, funcionales e incluso sociales y de entorno.

 

Como siempre, en medicina, se ha de tener cuenta que el beneficio de una actuación (en este caso la administración de un medicamento) ha de ser superior al posible perjuicio que se pueda presentar. En palabras de los antiguos romanos “ante todo, no hacer daño” o primum non nocere.

 

Los individuos en edad geriátrica tienen menos capacidad de adaptación ante los cambios y menos reserva fisiológica, factores que conllevan un aumento de su fragilidad. Ante esto el médico deberá ser más prudente, si cabe, al prescribir cualquier medicación y especialmente se deberían tener en cuenta los siguientes puntos:

 

  • Iniciar la prescripción farmacéutica a dosis bajas y, tras monitorizar los efectos deseados e indeseados, valorar el aumento de las dosis de forma paulatina.
  • Recomendar fármacos con efecto terapéutico reconocido y evitar su administración por petición del paciente.
  • Evitar moléculas consideradas inapropiadas para su uso en la tercera edad.
  • Revisar los regímenes terapéuticos de forma regular, para retirar fármacos que ya no sean útiles o que ya hayan cumplido su función.
  • Monitorizar tanto como sea necesario los efectos de los fármacos, así como las posibles reacciones adversas.
  • Compartir la información entre todos los profesionales de la salud que consulte el paciente, a fin de evitar reacciones adversas por prescripción cruzada o repetida de fármacos.
  • Explicar al paciente y a sus cuidadores el porqué de la prescripción, su importancia, lo que se desea conseguir con su administración y qué efectos adversos pueden esperarse. Consensuar en lo posible, conseguir mayor implicación de pacientes y cuidadores y mejorar así la educación para la salud.
  • Construir pautas de administración lo más sencillas posible, potenciar la vía oral si es posible y asociar las tomas con actividades cotidianas, como levantarse por la mañana o antes de la comida de mediodía. Conviene dar las pautas por escrito de forma clara e inteligible, teniendo en cuenta los posibles déficits sensoriales.
  • Interrogar sobre automedicación, toma de tratamientos sin receta e incluso sobre remedios tradicionales, herbales o alternativos. Estos tratamientos tienen los mismos problemas de interacciones y reacciones adversas que los medicamentos de la medicina habitual.

 
 

Dra. Montse Queralt

Especialista en Medicina de Familia y Geriatría

Médico Consultor de Advance Medical