2 Min de lectura | El diagnóstico de la depresión es un diagnostico clínico, es decir, se basa en el interrogatorio y en la historia clínica, detectándose los síntomas psíquicos y somáticos presentes en el anciano con sospecha de depresión.

Para ello, y especialmente en el anciano, es necesario un alto índice de sospecha, por los rasgos característicos de esta afección en pacientes geriátricos y para evitar la tendencia a confundirla como algo propio del envejecimiento.

Existen instrumentos en forma de cuestionarios o escalas que sirven como herramientas de despistaje, detección y seguimiento, útiles en este grupo de edad, pero que por sí solos no proporcionan el diagnóstico; son una ayuda pero no deben sustituir al interrogatorio clínico.

El diagnóstico de depresión en el anciano se hace eminentemente a través de la historia clínica. El interrogatorio en estos pacientes presenta unas dificultades añadidas por la frecuente falta de expresividad emocional (muy a menudo cultural), problemas auditivos o de comunicación con el paciente y por la frecuente y errónea asunción por parte del paciente de la tristeza como un estado inherente a la vejez, así como la negación del cuadro como algo patológico.

Así pues, se recomienda para la entrevista acercarse al paciente mostrando empatía, tratarlo con respeto y educación, permanecer próximo física y emocionalmente, hablar claro y lentamente y con el volumen adecuado, prestar gran atención a la comunicación no verbal y dar el tiempo suficiente para las respuestas, sin acabar las frases del paciente, durante la entrevista clínica.

En ésta se realizará una evaluación diagnóstica que debe incluir una historia médica completa: ¿cuándo comenzaron los síntomas, cuánto han durado, cuán serios e intensos son? Si el paciente los ha tenido antes, el médico debe averiguar si los síntomas fueron tratados y qué tratamiento se dio.

El médico también debe preguntar acerca del uso de alcohol y drogas y sobre posibles pensamientos de muerte o suicidio por parte del paciente. Asimismo, la entrevista debe incluir preguntas sobre otros miembros de la familia: ¿algún pariente ha tenido depresión y, si fue tratado, qué tratamientos recibió y qué tratamientos fueron efectivos?

 

También es interesante realizar una analítica general para descartar causas somáticas de los síntomas depresivos, como alteraciones hormonales (en especial tiroideas), hidroelectrolíticas o de sales minerales, del nivel de glicemia, etc. En caso necesario puede pensarse en la realización de pruebas de imagen neurológicas (escáner o resonancia magnética).

Diversas herramientas, como las escalas específicas para valorar la presencia de depresión en el anciano, la autoestima y la ideación suicida, los exámenes psicométricos para valorar las principales áreas de las funciones intelectuales o el posible deterioro cognitivo (memoria reciente, memoria remota, etc.), así como las escalas de valoración funcional, pueden ayudar a establecer con mayor fiabilidad el diagnóstico de depresión, el tipo de depresión que presenta el paciente y su grado de severidad, para así poder ajustar mejor el tratamiento necesario.

Dra. Montse QueraltEspecialista en Medicina de Familia y Geriatría

Médico Consultor de Advance Medical