Tartamudez en la infancia

5 minutos | La tartamudez es una alteración de la fluidez normal del habla que dificulta la comunicación social. Es una de las consultas más frecuentes del desarrollo del lenguaje en el niño.

Afecta a aproximadamente uno de cada 100 escolares. Se dan más casos entre niños que en las niñas, en una proporción 3:1, y la edad de inicio se sitúa entre los 2 y 5 años, coincidiendo con la consolidación del lenguaje.

Pseudotartamudez

Hay que diferenciar entre tartamudez y pseudotartamudez. Se habla de tartamudeo cuando el niño repite las sílabas, los sonidos, las palabras o las frases enteras, o bien cuando titubea para empezar a hablar. En cambio, la pseudostartamudez se da alrededor de los dos años cuando el niño simplemente repite las palabras que acaba de aprender y que todavía le resultan demasiado complicadas.

Muchos de los problemas de fluidez (entre el 65 y el 85%) desaparecen espontáneamente, sin tratamiento, en los dos años posteriores a su aparición, pero entre el 20 y el 50% de estos problemas iniciales pueden continuar hasta la edad adulta.

Causas

Lo más frecuente es que la tartamudez sea un trastorno de tipo emocional o relacional, que se manifiesta en la comunicación verbal y se ve agravado o mejorado según el estado emocional del niño. Cuando se equivoca, el niño intenta controlarse y corregirse, pero cuanto más se controla, peor se expresa, aumentando sus tartamudeos.

Diagnóstico

Los síntomas de la tartamudez son los siguientes:

  • Falta de fluidez en el habla: interjecciones, prolongaciones, repeticiones (de sonidos, sílabas, palabras o grupos de palabras) o bloqueos.
  • Subidas bruscas del tono de voz.
  • Alteración funcional de la respiración y tensión en los músculos de los órganos fonatorios: boca, laringe, cara…
  • Movimientos anormales asociados: muecas, inclinaciones de cabeza, golpes con el pie o encogimiento de hombros.
  • Cambios en la velocidad del habla.
  • Taquicardia y/o temblores.
  • Sentimientos de frustración, ansiedad o vergüenza.

¿Cómo actuar?

Lo que sí hay que hacer…

  • Dedicar todos los días 15 o 20 minutos para hablar con el niño : ver/leer algún cuento juntos o hacerle comentarios sobre lo que el adulto ha hecho a lo largo del día son maneras de conversar con el niño de forma agradable, sin prisas y demostrándole que se disfruta hablando con él/ella.
  • Fomentar un clima de comunicación en la familia: este clima tiene que ser agradable y distendido, sin acribillar a preguntas al niño ya que podría sentirse como puesto a prueba o pasando un examen.
  • Hablar con el niño sin corregirle constantemente si se equivoca: de este modo, él gana en seguridad y confianza. Es mejor contestar a lo que ha preguntado de forma correcta, con una buena dicción y despacio, que corregir sus errores. Debemos de ser modelos a imitar del habla que queremos que presente el niño.
  • Prestar más atención a lo que dice que a las faltas de fluidez: no hay que mostrar preocupación ni desaprobación cuando se produzca una falta de fluidez.
  • Estimular el lenguaje y la articulación de palabras mediante canciones y trabalenguas: es una manera divertida de aprender.
  • Hablar despacio y con pausas: el niño podrá imitarnos y, además, si le hablamos despacio, tendrá más tiempo de entender lo que le estamos diciendo y podrá elaborar más fácilmente su respuesta.
  • Esforzarse por entender al niño evitando que lo repita todo muchas veces.
  • Dar al niño todo el tiempo que necesite para hablar, estableciendo contacto visual: hay que esperar a que termine de hablar, sin mostrar impaciencia.
  • Hablar con frases cortas y sencillas, adecuadas al nivel de madurez del niño: para ello, podemos fijarnos en el número de palabras por frase que dice normalmente el niño y emplear un número similar en nuestras frases hacia él.
  • Desdramatizar la situación: si el niño es consciente de su tartamudez, debemos asegurarle que no es nada grave y que con el tiempo mejorará.
  • Reforzar positivamente: mostrar alegría cuando habla con fluidez y felicitarlo por los logros conseguidos.

Lo que no hay que hacer…

  • No etiquetar al niño de “tartamudo”: no tiene que sentirse distinto por su tartamudez pero sí tiene que reconocer que existe una dificultad en el habla.
  • No prestar demasiada atención al problema: de este modo, evitamos que el niño se angustie, se ponga nervioso y tartamudee más.
  • No interrumpir cuando el niño hable ni completar sus frases.
  • No decirle que hable más despacio.
  • No darle consejos en el momento que cometa errores: comentarios como “habla despacio”, “tranquilo” o “respira” mientras el niño está intentando expresarse pueden generarle más nerviosismo y angustia.
  • No reírse nunca de él.
  • No obligar al niño a exhibir sus progresos ante gente y no presionarle para que hable con otros adultos cuando no quiera hacerlo: hablar bajo presión puede dificultar la fluidez.

Acude al psiquiatra si…

  • La tartamudez persiste más allá de los cinco años.
  • Se acompaña de muecas o tics.
  • Si en la familia hay antecedentes de tartamudez en la edad adulta.
  • Si no dice palabras a los 18 meses ni frases a los dos años y medio.

¿Tiene tratamiento?

La tartamudez puede producir un sufrimiento intenso en los niños que la padecen. Incluso, en sus formas moderadas o ligeras, los niños tartamudos necesitan apoyo y ayuda en los tres aspectos del problema: habla, emocional y social.

El tartamudeo evolutivo es transitorio y no necesita tratamiento. A partir de los cinco años puede superarse o no mediante el tratamiento de un logopeda o un psicólogo. La intervención terapéutica debe abarcar aspectos de fluidez, psicológicos y sociales; y debe incluir a la familia, a los tutores y a los compañeros de clase, además del propio niño.

El objetivo del tratamiento es disminuir en la medida de lo posible el tartamudeo y evitar las consecuencias negativas en el habla, en la comunicación, en los aspectos emocionales y sociales.

La erradicación total del tartamudeo es posible en algunos casos. En otros, el objetivo es disminuirlo para conseguir que el niño acepte su tartamudeo y consiga comunicarse eficazmente.

Lo que debes saber…
  • Entre el 65 y 86% de los problemas de fluidez desaparecen espontáneamente en los dos años posteriores a su aparición.
  • La falta de fluidez en el habla, las muecas o encogimiento de hombros, y los sentimientos de frustración, ansiedad o vergüenza, son síntomas de la tartamudez.
  • Para ayudar al niño, debemos evitar corregirle constantemente, darle confianza, estimular el lenguaje y la articulación de palabras mediante canciones, y actuar como ejemplo.

Dra. Esther Martínez GarcíaEspecialista en Pediatría

Médico consultor de Advance Medical

2020-09-22T12:08:24+02:003 noviembre, 2016|

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