Fibra y enfermedad cardiovascular

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Fibra y enfermedad cardiovascular

Las dieta ricas en fibra reducen claramente el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular o de morir por ella, aunque este efecto se debería a la fibra procedente de los cereales y las frutas (fibra insoluble). En el origen y […]

Las dieta ricas en fibra reducen claramente el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular o de morir por ella, aunque este efecto se debería a la fibra procedente de los cereales y las frutas (fibra insoluble).


En el origen y en el mantenimiento de la enfermedad cardiovascular se han identificado distintos factores que juegan un importante papel, entre ellos el colesterol (hipercolesterolemia), el azúcar (diabetes mellitus) y la obesidad.


Los beneficios de la fibra en la prevención de la enfermedad cardiovascular se deberían a sus efectos sobre estos factores: la fibra disminuye los niveles de colesterol y azúcar en sangre, baja las cifras de tensión arterial, reduce los picos de azúcar en sangre que se producen cuando comemos, aumenta la sensibilidad de los tejidos a la acción de la insulina, y favorece la pérdida de peso.


Pero, además, la fibra suele acompañarse de un tipo de alimentación que aporta otros elementos que también son beneficiosos para disminuyen la enfermedad cardiovascular, como polifenoles, antioxidantes, vitaminas, ácidos omega 3, etc.


Curiosamente, la fibra soluble, que no ha demostrado convincentemente un papel de protección frente a la aparición de la enfermedad cardiovascular, es la que produce todos estos efectos sobre el colesterol y el azúcar en sangre, sobre las cifras de tensión arterial y sobre el peso corporal. En cambio, la fibra insoluble no tendría estos efectos que tiene la fibra soluble, aunque sí ayuda a perder peso y sí disminuye la enfermedad cardiovascular.


La reducción del colesterol en sangre por parte de la fibra soluble se debería a varios mecanismos:


La fibra secuestra los ácidos biliares y el colesterol en el intestino y favorece su eliminación con las heces, lo que evita la absorción de grasas saturadas y colesterol, y su llegada a hígado y sangre.


La fibra es degradada en el intestino grueso por las bacterias que hay allí, lo que produce ácidos grasos de cadena corta (acetato y propionato) que llegan al hígado e inhiben la síntesis de colesterol.


La fibra forma geles viscosos en el intestino junto con el alimento; este gel actúa a modo de barrera física para la absorción de ácidos biliares, colesterol y grasas saturadas.


Algunos alimentos ricos en fibra también contienen cantidades considerables de sustancias con actividad de vitamina E, que producirían una inhibición de la síntesis de colesterol por el hígado.


La fibra reduce los picos de azúcar en sangre y, por ello, se fabrica menos insulina para contrarrestar esos picos de azúcar. La insulina estimula a la principal enzima que participa en la síntesis de colesterol en el hígado. Por ello, al existir menos insulina, esta enzima seria menos activa y se fabricaría menos colesterol.


También hemos de considerar que la alimentación rica en fibra suelen contienen menor cantidad de grasas saturadas, lo que ayuda a la reducción de las cifras de colesterol.


Aunque disminuye el colesterol total y el colesterol de las LDL, la fibra soluble no disminuiría las cifras de colesterol de las HDL y de triglicéridos. Y parece ser que el efecto de bajar el colesterol es mayor en los pacientes que presentan unas cifras de colesterol en sangre mayores.


No obstante, el descenso del colesterol en sangre producido por la fibra no es muy importante: aproximadamente unos 2 mg/dL por cada gramo de fibra soluble añadido a la dieta. Por ejemplo, el comer dos manzanas al día supone 2 g de pectina, por lo que puede esperarse que se reduzca el colesterol de las LDL unos 4 mg/dL mientras se mantenga el consumo de esta fruta.


El efecto de reducir los picos de azúcar en sangre que tiene la fibra soluble se relaciona con su grado de viscosidad, que adsorbe los azúcares y retrasa su absorción, al tiempo que al provocar un retraso del vaciamiento del estómago hace que los azúcares lleguen más lentamente al intestino para ser absorbidos.


Además, si se disminuye la cantidad de azúcar que llega a sangre, también se produce menos cantidad de insulina. Las cifras altas de insulina o hiperinsulinemia también son un factor de riesgo para la presentación de la enfermedad cardiovascular.


Los mecanismos por los que la fibra soluble reduce las cifras de tensión arterial serían la reducción de la insulina (tal como acabamos de comentar) y la mejora de la función de la pared arterial. La mejora en la función de la arteria evitaría que ésta redujese su diámetro, que es una causa de hipertensión. Por su parte, las cifras bajas de insulina en sangre hacen que el riñón pierda poco sodio (sal), con el consiguiente aumento de sodio en sangre y de la cantidad de agua que contiene la sangre, lo que es otro mecanismo de producción de hipertensión arterial. Al efecto antihipertensivo de la fibra puede contribuir también la riqueza en potasio de los alimentos que también son ricos en fibra.


Los mecanismos por los cuales una dieta rica en fibra contribuiría a reducir la obesidad son, por un lado, la capacidad de la fibra para retener agua e incrementar el volumen del bolo alimentario en el estómago, lo que reduce la velocidad del vaciado gástrico y aumenta la sensación de saciedad. Por otro lado, se necesita mayor masticación de los alimentos que contienen fibra, lo que lleva a prolongar el tiempo para su ingestión.

 
 

Dr. José Félix Meco

Especialista en Medicina Interna

Medico consultor de Advance Medical
 
Deborah Blasco

Enfermera especialista en Nutrición

Enfermera consultora de Advance Medical
 

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2018-06-10T11:29:39+00:003 noviembre, 2016|

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