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La diabetes

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La diabetes mellitus es un grupo heterogéneo de enfermedades que tienen en común el aumento de azúcar en sangre (hiperglucemia) de forma mantenida.

 

Antes de la instauración de la diabetes como tal, es decir, antes de que aparezca la hiperglucemia con sus síntomas típicos (aumento de la cantidad de orina, sed importante, ganas de comer sin parar, pérdida de peso), la enfermedad pasa por una fase de leves alteraciones del azúcar en sangre y pocos o nulos síntomas debidos al aumento del azúcar. En la diabetes tipo 1 esta fase acostumbra a ser muy breve, de manera que rápidamente la hiperglucemia produce síntomas y se hace el diagnóstico. En la diabetes tipo 2 suelen pasar varios años antes de que los síntomas lleven a su sospecha y a su diagnóstico.

 

Así, si pudiésemos ver al individuo con diabetes tipo 2 antes de que la diabetes esté instaurada, observaríamos que hay una primera fase en que las cifras de azúcar están sólo ligeramente por encima del valor normal en el análisis de sangre; hablamos de un trastorno de la glucosa en ayunas. Si a ese individuo le sometemos a una prueba de sobrecarga de azúcar (administramos 75 g de glucosa por vía oral y determinamos el nivel de azúcar en sangre 2 horas después) en este momento aún sería normal. Más adelante, la prueba de sobrecarga de azúcar saldría alterada, pero el paciente no tendría síntomas o éstos serían muy leves o poco marcados; hablamos de alteración de la tolerancia a la glucosa. Estos estados los podríamos definir como de prediabetes. En una fase posterior aparecen los síntomas debidos a la hiperglucemia mantenida y, si se hace un análisis de sangre, el azúcar está persistentemente alto (no necesariamente muy alto); llegamos a la fase de diabetes manifiesta.

 

Es importante detectar estos pacientes con alteraciones del azúcar pero aún sin el diagnóstico de diabetes porque presentarán, con mayor frecuencia que la población general, las complicaciones que se ven en la diabetes: hipertensión, alteraciones de las grasas de la sangre, mayor tendencia a la trombosis y, especialmente, enfermedad cardiovascular y muerte por ella. Un porcentaje de estos individuos prediabéticos evolucionan hacia una diabetes clínica en los 10-15 años siguientes, pero otra parte no progresan hacia la diabetes o incluso revierten a la normalidad, especialmente si adelgazan y mejoran su estilo de vida (principalmente en lo que se refiere a alimentación y actividad física).

 

En ambos tipos de diabetes (tipo 1 y tipo 2) existe una predisposición genética a presentar la enfermedad, a lo que hay que sumar factores ambientales para que se presente la enfermedad. En la diabetes mellitus tipo 1 se encuentra, en la mayoría de los casos, la presencia de unos anticuerpos en sangre que van dirigidos selectivamente contra las células beta del páncreas; estos anticuerpos se llaman ICA. Se piensa que, en personas genéticamente predispuestas, la aparición de un factor ambiental como, por ejemplo, una infección vírica, activaría la producción de estos anticuerpos. En poco tiempo estos anticuerpos van a destruir las células beta y , con ello, van a desencadenar la aparición de la hiperglucemia y los síntomas asociados, es decir, la diabetes y la necesidad inmediata del tratamiento con insulina.

 

En la diabetes mellitus tipo 2, la predisposición genética es el principal factor relacionado con su aparición. Sobre este fuerte componentes genético, hay factores ambientales (como la obesidad, la mala alimentación y la falta de actividad física) que facilitan la aparición de la enfermedad. Lo primero que aparece es la resistencia de los tejidos (hígado, músculo y tejido graso) a la acción de la insulina: aunque hay insulina, ésta no consigue normalizar las cifras de azúcar en sangre. En consecuencia, las células beta del páncreas sintetizan y liberan a sangre mayor cantidad de insulina, lo que inicialmente consigue normalizar el azúcar. Con el paso del tiempo (años) las células beta acaban por ser incapaces de hacer frente a esta “insulinorresistencia” de los tejidos. Cuando ello ocurre aparecen los síntomas claros de diabetes.

 

Como hemos visto, la insulina tiene un efecto clave en el metabolismo de los hidratos de carbono; su ausencia produce aumento del azúcar en sangre. Pero la insulina también controla el metabolismo de las grasas; el déficit de insulina se acompañará de aumento de triglicéridos y descenso del colesterol de las HDL.

 

El diagnóstico de diabetes mellitus se hace en cualquiera de las siguientes tres circunstancias:

 

  • Azúcar en sangre (en ayunas) igual o superior a 126 mg/dl (= 7’0 mmol/L).
  • Azúcar en sangre al azar (no hace falta que sea en ayunas) igual o superior a 200 mg/dl (= 11’1 mmol/L), con síndrome diabético (poliuria, polidipsia, polifagia, pérdida de peso).
  • Azúcar en sangre a las dos horas después de dar 75 gramos de azúcar por vía oral (test de tolerancia oral a la glucosa) igual o superior a 200 mg/dl (= 11’1 mmol/L).

Los estados de prediabetes se diagnostican del modo siguiente:

 

    • Glicemia alterada en ayunas o Glucemia basal alterada: Son individuos que no cumplen criterios de diabetes pero con azúcar en sangre en ayunas entre 110 (= 6’1 mmol/L) y 125 mg/dl (= 7’0 mmol/L).
    • Tolerancia alterada a la glucosa: Son individuos que no cumplen criterios de diabetes pero con alteraciones en la curva de sobrecarga de azúcar (niveles de glucemia a las dos horas de una sobrecarga oral con 75 g de glucosa entre 141 y 199 mg/dl (= 7’7-11’1 mmol/L)).

 
 

Dr. José Félix Meco

Especialista en Medicina Interna

Medico consultor de Advance Medical
 
Deborah Blasco

Enfermera especialista en Nutrición

Enfermera consultora de Advance Medical
 

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