5 Min de lectura | El agua es el medio en el que tienen lugar todas las reacciones químicas del cuerpoy al envejecer, el contenido total de agua corporal se reduce ya que hay una menor masa corporal magra (músculo) y a un mayor porcentaje de grasa corporal (tejido con bajo contenido de agua). Se estima que el contenido total de agua corporal puede reducirse de cuatro a seis litros desde los 20 hasta los 80 años.

El agua es uno de los principales nutrientes del organismo, componente mayoritario del cuerpo humano, involucrado en numerosas funciones del organismo y esencial en todas las etapas de la vida. Al envejecer, los mecanismos encargados del equilibrio hídrico pueden alterarse, es por ello que existe mayor riesgo de deshidratación.

¿Qué es la deshidratación?

 La deshidratación es la reducción del contenido de agua total corporal debido a pérdidas de líquidos, una menor ingesta de líquidos o una combinación de ambas. Además, según la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), puede ser de tres tipos:

  • Deshidratación isotónica: se pierde tanta cantidad de agua como de sodio, por ejemplo en el caso de diarrea.
  • Deshidratación hipertónica: ocurre una pérdida mayor de agua que de sodio, por ejemplo, en el caso de fiebre.
  • Deshidratación hipotónica: mayor pérdida de sodio que de agua, por ejemplo, en el caso de uso excesivo de diuréticos.

Cambios en la fisiología debidos a la edad que influyen en el equilibrio hídrico

Contenido total de agua corporal

Al envejecer, el contenido total de agua corporal se reduce ya que hay una menor masa corporal magra (músculo) y un mayor porcentaje de grasa corporal (tejido con bajo contenido de agua).  Se estima que el contenido total de agua corporal puede reducirse de cuatro a seis litros desde los 20 hasta los 80 años (Gille 2010). Por ello, pequeñas pérdidas de agua corporal o no beber suficiente pueden causar con mayor facilidad deshidratación.

Sensación de sed

La sensación de sed tiende a disminuir en las personas mayores, lo que puede implicar un menor consumo de líquidos. No se sabe con exactitud qué puede causar la disminución de sensación de sed, aunque se cree que puede ser por una reducción de la dopamina, neurotransmisor que participa en la inducción de la sed y al aumento en plasma del PNA (péptido natriurético auricular) un inhibidor de la sed. Debido a esta peor regulación de la sed, las personas mayores no suelen beber lo suficiente y no suelen hidratarse correctamente.

Función renal

El propio deterioro de la capacidad de los riñones para conservar el agua es una consecuencia del envejecimiento. Los riñones tienen menor capacidad para concentrar la orina y retener agua en caso de necesidad. Además, existe una menor respuesta de los riñones frente a la hormona anti-diurética (ADH) y una limitación en la capacidad excretora de los riñones.

Otros factores

El envejecimiento puede conllevar a limitaciones como una menor capacidad de deglución, una movilidad reducida o desórdenes de comprensión y comunicación que pueden llevar a una ingesta insuficiente de líquidos, así como enfermedades o síntomas, como la diabetes o la incontinencia urinaria que pueden aumentar las pérdidas de agua. Los factores ambientales como altas temperaturas, humedad… o la medicación pueden aumentar los riesgos de una posible deshidratación.

Síntomas de deshidratación

Los síntomas de la deshidratación se organizan según su gravedad:  leve o moderada y grave:

  • Deshidratación leve o moderada: sed, calambres musculares, dolor de cabeza, falta de elasticidad en la piel, poca orina, somnolencia y cansancio.
  • Deshidratación grave: no orinar, respiración acelerada, piel seca y arrugada, confusión, mareos, aumento del ritmo cardíaco y ojos hundidos.
  • Muy graves: flujo sanguíneo insuficiente, alucinaciones e inconsciencia.

Consecuencias de la deshidratación en ancianos

La evidencia actual apunta a que la deshidratación puede causar:

  • Estreñimiento (es la principal consecuencia de la deshidratación).
  • Alteración de las funciones cognitivas.
  • Caídas.
  • Hipotensión postural (es una forma de presión arterial baja que se produce cuando te pones de pie tras estar sentado o acostado).
  • Disfunción de las glándulas salivales (poca producción de saliva).
  • Mal control de la hiperglucemia en la diabetes.
  • Infección urinaria.
  • Cálculos renales.

Prevención de la deshidratación

La prevención de la deshidratación en ancianos se basa principalmente en garantizar una correcta ingesta de líquidos. La concienciación de los ancianos, de sus familias y de sus cuidadores respecto a la gravedad de la deshidratación y de sus factores de riesgo es fundamental. Es importante adaptarse al anciano, considerando los riesgos individuales (medicación, incontinencia…) y ambientales (humedad, temperatura…) para lograr una hidratación óptima.

Hidrataci´çon en las personas mayorres: hombre maduro bebiendo un vaso de agua

Recomendaciones de ingesta de líquidos para la tercera edad

Las necesidades diarias de agua dependen de varios factores, como las pérdidas de líquidos, la composición de la dieta, la temperatura ambiental, la toma de medicación o ciertas patologías, etc. Es por ello que muchos países no dan una recomendación nacional sobre la ingesta de agua, o bien, existe mucha variación de un país a otro.  En Europa, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recomienda que el valor de referencia para la ingesta total de líquidos (agua proveniente de bebidas y alimentos) sea de 2,5 l y de 2 l para hombres y mujeres mayores, respectivamente. Por lo que aquellos ancianos que les cueste beber agua, deben tener una dieta especialmente rica en frutas y verduras.

Estrategias para fomentar el consumo de líquidos

  • Ofrecer líquidos regularmente a lo largo del día
  • Colocar líquidos cerca, junto a la cama o junto a la silla de los ancianos en los centros geriátricos, a lo largo del día.
  • Ofrecerlo de forma cómoda, con vaso, botella, cañita… en función de las necesidades.
  • Fomentar el consumo de líquidos con la medicación.
  • Ofrecer bebidas que a la persona le gusten especialmente si son saludables.
  • Garantizar una ingesta mínima de 1,5 litros en los periodos de mayor riesgo de deshidratación.

¿Qué tipo de líquidos y alimentos pueden ofrecerse?

Además de beber agua como bebida principal, las frutas, verduras y hortalizas deben formar parte de la alimentación diaria. Otras opciones válidas para hidratar son: consumir caldos, sopas no saladas y leche, pero siempre tener en cuenta las condiciones térmicas y de humedad ofreciendo mayor cantidad de agua a mayores cifras. El café y el té pueden tener un efecto diurético, por lo que deberían consumirse con moderación y no como bebida principal. No se recomienda tomar bebidas alcohólicas.

Conclusiones

El grado de hidratación de la gente mayor es el resultado de un frágil equilibrio; por tanto, debe ser controlado con mucho detalle. Se debe prestar una atención constante, ya que la deshidratación puede causar consecuencias clínicas considerables.

 

Lo que debes saber…

  • El agua es el medio en el que tienen lugar todas las reacciones químicas del cuerpo, actúa como transportador de nutrientes y como vehículo para eliminar productos de desecho, lubrica y proporciona soporte estructural a tejidos y articulaciones, y tiene un papel fundamental en la regulación de la temperatura corporal, imprescindible para evitar la deshidratación.
  • Al envejecer, el contenido total de agua corporal se reduce ya que hay una menor masa corporal magra (músculo) y a un mayor porcentaje de grasa corporal (tejido con bajo contenido de agua).  Se estima que el contenido total de agua corporal puede reducirse de cuatro a seis litros desde los 20 hasta los 80 años.
  • Además de beber agua como bebida principal, las frutas, verduras y hortalizas deben formar parte de la alimentación diaria. Otras opciones válidas para hidratar son consumir caldos, sopas no saladas y leche.

Mónica Carreira

Diplomada en Nutrición Humana y Dietética

Máster en Nutrición pediátrica

Nutricionista consultora de Teladoc Health