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Intentando no caer. Prevención de las caídas en mayores

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Las personas mayores cada vez viven más años. Llegar a edades de 80 o 90 años resulta algo corriente en la actualidad. Como consecuencia del incremento de la esperanza de vida, el riesgo de caerse y presentar secuelas también aumenta, especialmente en aquellos ancianos que sufren una mayor fragilidad o problemas de salud.

 

LO QUE DEBES SABER

 

  • La mitad de las personas que se caen lo hacen en sus domicilios, por eso es básico adaptar la vivienda para hacerla más segura.
  • La edad, las alteraciones de la movilidad, los problemas nutricionales y el tipo de vivienda son las causas principales de caídas.
  • Mantener una buena forma física, cuidar la dieta, revisar la medicación y participar en actividades sociales son buenas medidas a tomar.

Las caídas, frecuentes

El 30% de los mayores de 65 años y el 50% de los mayores de 80 años, se caen al menos una vez al año; y los que se caen, tienen dos o tres veces más probabilidades de caerse de nuevo en el siguiente año.

 

Las caídas y sus consecuencias pueden generar desde la disminución de la calidad de vida del anciano, discapacidades que impidan su independencia en la vida diaria, hasta incluso su fallecimiento, con el correspondiente impacto para sus familias y cuidadores.

La edad y otras causas

El principal factor que predispone a las caídas es la edad. Sin embargo, las alteraciones de la movilidad (artrosis, osteoporosis, falta de musculatura, alteraciones del equilibrio), los problemas nutricionales (por alteraciones dentales o digestivas, problemas económicos, etc), y el tipo de vivienda también son relevantes.

 

De hecho, la mitad de las caídas en ancianos son en el domicilio aunque son los residentes en centros de cuidados prolongados los que más se caen y sufren las peores consecuencias.

 

PRINCIPALES FACTORES DE RIESGO

 

Hay dos tipos de factores de riesgo de las caídas: los individuales y los ambientales.

 

Factores de riesgo individuales

Antecedentes de caídas previas

  • Edad
  • Sexo femenino
  • Vivir solo
  • Toma de Psicofármacos (sedantes, antidepresivos, etc)
  • Múltiples medicamentos (más de cuatro)
  • Enfermedad crónica (especialmente respiratorias, depresión y artritis)
  • Alteración de la movilidad y de la marcha (vértigo, inestabilidad, falta de movimiento)
  • Miedo a caerse
  • Carencias nutricionales
  • Deterioro cognitivo, demencia
  • Trastornos visuales (cataratas, glaucoma, etc.)
  • Problemas y deformidades de los pies (juanetes, callosidades, dedos en garra, úlceras, etc.)
  • Antecedentes de infarto cerebral, enfermedad de Parkinson
  • Infecciones y enfermedades agudas (infecciones urinarias, gripe, etc.)

Factores de riesgo ambientales o extínsecos

  • Riesgos ambientales (poca iluminación, suelos resbaladizos, superficies irregulares, etc.)
  • Calzado y ropa inadecuados (por ejemplo, zapatos que no sujetan bien el pie)
  • Ayudas para caminar o dispositivos auxiliares inadecuados
  • Salvar diferentes alturas (escaleras, bordillos, entrar y salir de vehículos, etc)

Medidas generales para reducir el riesgo de caídas

Disminuir la tasa de caídas y sus consecuencias puede mejorar la calidad de vida en las personas mayores, y reducir el impacto funcional, emocional y económico que conllevan sus secuelas. Para ello, es importante tener en cuenta los siguientes consejos:

 

  1. Mantener una buena forma física: hacer ejercicio con regularidad fortalece los músculos y mejora el equilibrio y la coordinación.
  2. Cuidar la nutrición y la hidratación: ajustar la ingesta calórica a la actividad física y evitar las dietas excesivamente restrictivas sin control médico es esencial. En especial, es importante prestar atención a la ingesta de proteínas (pescados, carnes blancas y huevos) y de alimentos ricos en calcio y vitamina D (que también podemos obtener con la toma moderada de sol). Por último, es muy beneficioso beber de 6 a 8 vasos de agua al día y aumentar la cantidad en caso de realizar ejercicio o en temporadas de calor.
  3. Vigilar la medicación: revisar los medicamentos con un médico o farmacéutico, incluso los que se venden sin receta, y preguntar sobre las posibles consecuencias como la somnolencia o el mareo. Utilizar un pastillero para evitar confusiones en caso de tomar muchos medicamentos al día o a la semana. Preguntar si los diversos medicamentos interactúan entre sí y pueden ocasionar efectos adversos. No variar la posología de los fármacos sin preguntar a un médico o farmacéutico.
  4. Participar en actividades sociales: hay muchas asociaciones, centros de salud, etcétera, en todos los municipios, donde encontrar a otras personas y participar en actividades sociales. Las reuniones sociales aumentan la calidad de vida y evitan la soledad. En caso de vivir solo es importante contactar, al menos una vez al día, con alguna persona que se asegure que no ha habido problemas o síntomas.
  5. Adaptar la vivienda: así será un lugar seguro para las personas mayores, algo importante si tenemos en cuenta que al menos la mitad de las personas que se caen, lo hacen en sus domicilios.

En el cuarto de baño…

Mantener el suelo seco después de ducharse. Se puede colocar  una este

rilla, pero se ha de asegurar con firmeza para disminuir las posibilidades de tropezar.

 

  • Instale barandillas de seguridad.
  • El toallero, soporte para jabón, estantes o soportes para papel higiénico han de estar sujetos a la pared, para que no fallen en caso de usarlos como puntos de apoyo.
  • Añadir bandas para no resbalar en el suelo de la bañera y la ducha.
  • En caso de inestabilidad o problemas de equilibrio, o para mantenerse en pie, use una silla de ducha y un accesorio manual para la ducha (el llamado “teléfono”).
  • No cerrar la puerta del cuarto de baño, si se cae estando dentro van a tardar más en atenderle.
  • Llevar el teléfono móvil al cuarto de baño,  o si es usuario de un sistema de teleasistencia, ducharse con el avisador puesto.

¿Y en el resto de la casa?

  • Levantarse con cuidado y, poco a poco, después de estar sentado o tumbado. Sentarse en el borde de la cama o de la silla hasta estar seguro de que no se marea.
  • La altura de la cama ha de ser tal que pueda levantarse de ella y acostarse sin tener que realizar esfuerzos.
  • Evitar las alfombras; en caso de usarlas, asegurarse de que queda bien sujeta al suelo y que no tiene irregularidades,  arrugas o pliegues que faciliten los tropiezos.
  • Llevar un calzado que sujete bien el pie, con suelas no resbaladizas (las de goma son adecuadas y han de revisarse para detectar el desgaste). Deben evitarse tacones altos y finos, así como los zapatos tipo zueco o chancleta, incluso para las zapatillas de ir por casa.
  • Mejorar la iluminación del dormitorio y de las zonas de paso. Encender las luces cuando se levanten por la noche.
  • Poner bombillas que den suficiente luz (al menos 60 watios o equivalente). Utilizar pantallas para disminuir la luz deslumbrante y para hacer la iluminación de la habitación uniforme. Use cortinas claras para evitar el deslumbramiento con la luz exterior, sin oscurecer excesivamente.
  • El suelo debe mantenerse seco y sin irregularidades (por ejemplo, baldosas rotas o móviles).
  • Organizar la ropa  y otros objetos para que puedan cogerlos con facilidad (especialmente importante en la cocina) ; ha de evitar agacharse mucho, ponerse de puntillas o subirse a escaleras o taburetes. Mantener siempre cerrados los cajones del armario para no tropezar con ellos.
  • No llevar ropa demasiado larga o demasiado holgada, ya que puede tropezar con ella o pisarla.
  • En las escaleras, es conveniente poner un color contrastante en la parte superior del borde de todos los peldaños para poder ver mejor las escaleras. Por ejemplo, si son de madera oscura use un color claro.
  • Quitar las cosas con las que puede tropezar (como papeles, libros,  paquetes, cables de luz y otros aparatos eléctricos) de las zonas de paso. Simplificar los recorridos de estas zonas de paso.
  • Colocar barandillas fijas para las manos a ambos lados de las escaleras. Cuando las  suban, es aconsejable mantener al menos una mano en la barandilla y concentrarse en lo que estamos haciendo. Tampoco llevar nunca ningún paquete que impida ver el peldaño siguiente.
  • Tener un teléfono que puedan alcanzar con facilidad, lo mejor son los teléfono móviles sencillos,  que pueden llevar siempre consigo. Han de tener los números de emergencia y de más uso (familiares, servicios de emergencia, etc.) programados.
  • Valorar la utilidad de los servicios de teleasistencia, que ofrecen avisadores portátiles (suelen ser como medallas con un botón activador).

Esos consejos, aunque numerosos, no son exhaustivos. Debemos aplicar el sentido común de facilitar la movilidad de una forma segura y evitar las situaciones de riesgo. Lo más difícil es comprender que acciones como levantarse, vestirse, ducharse o el modo de vestir tienen que hacerse de forma diferente a la habitual años atrás.

 

Para muchas personas la necesidad de estos cambios constituyen la primera constatación de la ancianidad; pero ya que no vamos a poder evitarla, intentemos vivirla con seguridad y plenitud.

 
 
Dra. Montse Queralt

Especialista en Medicina de Familia y Geriatría

Médico Consultor de Advance Medical

 

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