Se tendrán en cuenta los siguientes puntos y factores

  • Historia clínica.
  • Enfermedades de base.
  • Cirugías previas en la región anorrectal (hemorroidectomía, esfinterectomía, fisuras, prostatectomía, resección de colon).
  • Antecedentes de irradiación de la zona (cáncer de próstata, cáncer de cérvix).
  • Historial obstétrico (partos, otros antecedentes).
  • Fármacos (en especial laxantes).
  • Circunstancias en las que se inició la incontinencia (p. ej., tras una cirugía o un ictus).
  • Características de las deposiciones (liquidas o más formadas).
  • Existencia de productos patológicos en las heces (sangre, moco o pus).
  • Síntomas anales, sensación de aviso del paso de las heces, dolor abdominal, sensación de urgencia o tenesmo rectal.
  • Predominio nocturno o relación con algún tipo de comidas.
  • Situación funcional (movilidad, deterioro cognitivo), presencia de barreras arquitectónicas que dificulten el acceso al baño.
  • En pacientes con diarrea intentar profundizar en la causa, teniendo en cuenta la posibilidad de infección por Clostridium difficile, cuando hay toma previa de antibióticos.

Exploración física

Exploración general: abdomen, hidratación, movilidad.

  • Estado mental y cognitivo, exploración neurológica.
  • Tacto rectal. Imprescindible. Valorar el tono del esfínter anal, tanto en reposo como en la contracción voluntaria, la presencia de masas, heces impactadas, cicatrices, prolapsos, dolor a la exploración.

Pruebas complementarias

Radriografía simple de abdomen. Es básico descartar la impactación fecal, incluso en pacientes con ampolla rectal vacía (impactación alta).

  • Anoscopia. Permite valorar la existencia de masas, hemorroides, fisuras, papilitis e incluso descubrir sangre, moco o pus.
  • Enema opaco. Encaminado a detectar causas mecánicas.
  • Rectosigmoidoscopia. Valoración del estado de la ampolla rectal y de las alteraciones en su coloración, descartando enfermedades estructurales, como pólipos, neoplasias o divertículos.
  • Defecografía. Registro radiológico en “videograbación” de la defecación. Útil para el conocimiento de los factores anatómicos implicados y su visualización del prolapso rectal.
  • Ecografía endoanal. Permite ver el aparato esfinteriano y el músculo puborrectal de forma no invasiva.
  • Estudio funcional:
    • Manometría. Permite conocer los cambios de presión en distintos niveles rectales y del canal anal durante el proceso defecatorio. Útil para valorar traumatismos esfinterianos.
    • Electromiografía anal. Para localizar alteraciones del pudendo y de los esfínteres. Técnicas de sensibilidad rectal.

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De interés

A pesar de esta batería de valoraciones y pruebas diagnosticas es preciso individualizar en cada caso para indicar las pruebas pertinentes. Por ejemplo, en un paciente con demencia e inmovilizado realizaremos un tacto rectal y tratamiento sintomático, ya que tratamientos más agresivos y que precisen la colaboración del paciente no podrán llevarse a cabo o no serán efectivos. Sin embargo, en una mujer multípara con buena situación basal, que presenta un esfínter anal con un tono disminuido, indicaremos una ecografía endoanal para valorar una posible intervención quirúrgica u otras acciones terapéuticas.