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Tratamientos para el alzheimer

Tratamientos para el alzheimer

Tratamiento específico Inhibidores de la colinesterasa: Son la tacrina, el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina (escritos aquí por orden de aparición en el mercado). Han demostrado modificación del curso de la enfermedad, con enlentecimiento del empeoramiento, que en ningún […]

Tratamiento específico

Inhibidores de la colinesterasa: Son la tacrina, el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina (escritos aquí por orden de aparición en el mercado). Han demostrado modificación del curso de la enfermedad, con enlentecimiento del empeoramiento, que en ningún caso se detiene o revierte. Su uso es predominante en fases iniciales y moderadas.

 

Memantina: La indicación aprobada actualmente de manera oficial es en los casos moderados, graves y moderadamente graves. Se ha visto que mejora los trastornos del comportamiento.

 

Selegilina y vitamina E: Algunos estudios han demostrado eficacia en producir un cierto retraso en la evolución de la enfermedad, tanto la vitamina E como la selegilina, retrasando asimismo la institucionalización de los pacientes, sin poder demostrar la mejora en el plano cognitivo. Sin embargo, existen otros trabajos que no confirman estos resultados.

 

Prednisona y estrógenos: Pese a que varios estudios epidemiológicos sugieren efectos protectores frente al desarrollo de enfermedad de Alzheimer por parte de esteroides y estrógenos, hasta ahora los ensayos clínicos llevados a cabo para corroborarlo han arrojado resultados negativos.

 

Antiinflamatorios no esteroideos: Un solo estudio demostró menor incidencia de la enfermedad en pacientes que tomaban tratamiento crónico con antiinflamatorios no esteroideos; este efecto no se ha confirmado en ensayos clínicos.

 

Estatinas: Varios estudios epidemiológicos retrospectivos sugieren una menor incidencia (en torno a un 70% menos de media) de enfermedad de Alzheimer entre sujetos que estaban tomando estatinas como tratamiento para controlar su colesterol. De aquí podría deducirse también un efecto de la toma de estatinas sobre la progresión de la enfermedad de Alzheimer; se está pendiente de nuevos estudios sobre este efecto de las estatinas.

 

Ginkgo biloba: los datos sobre su posible eficacia son muy limitados y en los pocos ensayos aleatorios que se han llevado a cabo la eficacia resulta ser menor que la típica obtenida con los anticolinesterásicos.

 

Boletín de Noticias Canal Salud

Tratamiento de los síntomas psicológicos y conductuales

Estos trastornos asociados a la enfermedad de Alzheimer (ansiedad, depresión, agitación, trastornos del sueño, etc.) obligan a valorar profundamente al paciente antes de prescribir ningún medicamento, pues muy frecuentemente son secundarios a causas orgánicas, desde un dolor cuya cualidad y localización no sabe describir el enfermo, hasta un simple estreñimiento. En estos casos, el tratamiento de la enfermedad causal resolvería también el trastorno psicológico o conductual.

 

Salud Mayores. Neuro-psiquiatría en geriatría. Alzheimer. TratamientoDeberían utilizarse antipsicóticos para tratar la agitación o la psicosis en enfermos con demencia siempre que fallen los medios de manipulación del entorno. Los fármacos atípicos (como la risperidona, la quetiapina o la olanzapina) pueden ser mejor tolerados en comparación con los agentes tradicionales como el haloperidol, ya que no producen tanta rigidez ni alteración de la movilidad.

 

Sin embargo, en varios estudios se ha informado de una mayor incidencia de ictus y muerte entre los ancianos de edad muy avanzada y demencia tratados con algunos de estos agentes, que deberían ser utilizados a las dosis más bajas posibles y durante el mínimo tiempo necesario.

 

En el tratamiento de la depresión en individuos con demencia puede considerarse el uso de antidepresivos como los inhibidores de recaptación de la serotonina (fluoxetina, citalopram, paroxetina…). La trazodona, con ligero efecto sedante y sin efecto anticolinérgico alguno, puede ser muy útil, especialmente cuando a la depresión se asocian agitación, inquietud e insomnio.

 

La ansiedad puede requerir el uso de ansiolíticos, siendo preferibles los de acción corta (como el alprazolam) a los de acción intermedia (como el bromazepam) o larga (como el diazepam). Se debe esperar además al efecto de los anticolinesterásicos que se hayan podido empezar a administrar al paciente, pues es frecuente que ellos solos ya mejoren estos trastornos en dichos pacientes. Los ansiolíticos se deben utilizar solamente durante cortos períodos de tiempo y su retirada debe ser progresiva, especialmente con los de acción más prolongada.

 

Los trastornos del sueño pueden ser tratados con benzodiacepinas (como el lorazepam, el lormetazepam, el zolpidem o el triazolam), con clometiazol, con algún neuroléptico de acción suave (como la levomepromazina) o incluso con dosis bajas de trazodona.

 

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2018-06-10T19:34:01+00:0030 julio, 2016|

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