Mente en forma

Mente en forma

Las pérdidas de memoria pueden deberse a multitud de causas diferentes, desde el propio natural de envejecimiento a una gran lista de enfermedades. Únicamente el profesional experimentado puede evaluar la intensidad e importancia de la pérdida de memoria en un […]

Las pérdidas de memoria pueden deberse a multitud de causas diferentes, desde el propio natural de envejecimiento a una gran lista de enfermedades. Únicamente el profesional experimentado puede evaluar la intensidad e importancia de la pérdida de memoria en un caso concreto. De todas formas, para mantener la mente en forma y evitar que ésta se produzca de forma prematura es efectivo ejercitarla con determinados hábitos y técnicas de gimnasia mental.
 

LO QUE DEBES SABER

El papel de la edad

Un cierto grado de pérdida de memoria (amnesia) puede ser normal a medida que se cumplen años, al igual que nuestro rendimiento físico también va disminuyendo con la edad.

 

El envejecimiento puede causar algún grado de olvidos, conocidos como “pérdida de memoria relacionada con la edad”. Es normal, por tanto, que los mayores presenten algunos problemas para aprender cosas nuevas o que necesiten un tiempo más prolongado para llegar a recordar un hecho concreto, un nombre…

 

La pérdida de memoria asociada a la edad no debe ser tan intensa como para suponer un problema para el desarrollo de la vida diaria de la persona; de lo contrario, ya se trataría de un “deterioro cognitivo leve” o incluso del síndrome que engloba a todas las demencias. En ocasiones, un problema depresivo puede manifestarse como una pérdida de memoria, que es revertida con el tratamiento de la depresión que la ocasionaba.

 

Se considera una pérdida de memoria como el “olvido inusual”: no ser capaz de recordar hechos nuevos o no ser capaz de acordarse de uno o más episodios del pasado o ambas circunstancias a la vez, ya sea de modo transitorio como permanente.

El estilo de vida

En todos los casos es de gran importancia el abordaje preventivo: realizar acciones y actividades encaminadas a mejorar el rendimiento intelectual, tanto en lo que se refiere a la memoria específicamente como a otras facultades intelectuales, como la capacidad de cálculo o la resolución de problemas complejos.

 

A partir de los 40 años de edad se recomienda adquirir el hábito de realizar actividades intelectuales, a menudo conocidas como “gimnasia mental”.

 

De igual importancia será mantener un estilo de vida sano, reducir el estrés, no fumar ni beber alcohol, realizar ejercicio físico moderado y aeróbico (atletismo, bicicleta, natación, golf, etc.), controlar la presión arterial y otras enfermedades crónicas que puedan presentarse, mantener un peso adecuado y seguir una dieta pobre en grasas, variada y equilibrada, para prevenir enfermedades que puedan afectar, entre otros órganos, al sistema neurológico.

 

En cambio, la toma de suplementos como los ácidos grasos omega-3, ácido fólico u otros compuestos no han demostrado ninguna utilidad para la prevención de la pérdida de memoria.

Gimnasia mental

Podríamos considerar que el cerebro es como un músculo, que precisa de actividad para mantener su función e incluso incrementarla. Así realizar “ejercicio” con el cerebro puede ayudar a “mantenerlo en forma”.

     

  • Leer, escribir… Es de utilidad adquirir el hábito de leer, escribir (sobre todo a mano, por implicar a la vez esfuerzo motor fino), estudiar idiomas u otras materias, memorizar cosas, realizar crucigramas, sopas de letras, sudokus, etc., para mantener la actividad intelectual y la memoria en acción de manera regular.  Parece ser que los ejercicios relacionados con el lenguaje (palabras) son de mayor utilidad a la hora de mantener la mente activa que los ejercicios que implican números y cálculos, ya que las palabras tienen implicaciones que apuntan a objetos, emociones, deseos y recuerdos, mientras que los números son conceptos abstractos que suelen carecer de implicaciones emocionales.
  • Mantener el orden: es importante que cada cosa tenga un sitio concreto para guardarse y ése sea el lugar donde se depositen en todas las ocasiones: llaves, gafas, móvil, libros o herramientas deberían tener un lugar destinado. Asimismo, si este lugar es lógico, será mucho más útil su ordenación (por ejemplo, llaves de casa y el coche cerca de la puerta, libros y gafas en la sala de lectura, chaquetas en el armario correcto, medicaciones diarias en la cocina, etc.).
  • Atención y concentración: es fundamental estar atentos y concentrados a todo lo que hacemos y a lo que sucede a nuestro alrededor y procurar almacenarlo en la memoria, prestando atención, fijándonos en ello, mirando y escuchando activa y atentamente. También es de gran utilidad procurar repetir diversas veces las cosas que hemos hecho o aprendido, o aquello que queramos recordar. Si tenemos dificultades en retener mucha información, como listas o números, es de gran ayuda intentar fraccionarlos en partes más pequeñas e intentar memorizarlas por separado; así, fácilmente podremos recordar la totalidad a partir de las partes. También realizar “fotografías mentales” puede ayudar a recordar escenarios complejos o una mayor cantidad de detalles de una situación: una imagen puede ayudarnos a recordar multitud de palabras, números o conceptos diferentes.
  • “Ayudas de memoria”: en ocasiones el uso de agendas, notas adhesivas en lugares estratégicos, alarmas de teléfono, etc. será de gran ayuda y podrán suplir en gran medida el déficit de memoria.

Con estas estrategias y evitando las enfermedades sistémicas, podremos maximizar nuestras capacidades intelectuales y de memoria durante tanto tiempo como sea posible, hasta bien avanzada la edad.

Tratamiento

Para disminuir la intensidad y la progresión de la pérdida de memoria será fundamental el correcto control y tratamiento de la enfermedad de base que la ha ocasionado. En muchas ocasiones la pérdida de memoria no es suficientemente importante como para requerir tratamiento, y en otras ocasiones los tratamientos específicos no son efectivos. En los casos en que la disminución de la memoria sea puramente debida al proceso normal de envejecimiento, no se requerirá tratamiento específico.

 
 
Dra. Elisabeth Herrero i Vila

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Máster en Gerontología Clínica

Máster en Medicina Preventiva y Promoción de la Salud Posgrado en Psicopatología Clínica

 

Dr. Jordi Esquirol i Caussa

Medicina de Cabecera

Máster en Gerontología Clínica

Máster en Medicina Preventiva y Promoción de la Salud Máster en Bioética y Derecho

 

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2018-06-10T19:17:16+00:002 noviembre, 2016|

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