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El niño que no quiere comer

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El niño que no quiere comer
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niños que no comen- nutrición

Para empezar, dejemos claro que “el niño que no quiere comer” dicho así, en general y en nuestro ámbito y de forma voluntaria, no existe. Los niños, si tienen comida y hambre comen, comen más o comen menos, comen unas cosas u otras, pero comen. En un momento determinado pueden no tener hambre y no comer, pero llega el momento en que tienen hambre y buscan comida. Así pues, más que niños que no comen, o niños que comen mal o comen bien, de lo que podemos hablar es de niños que tienden a comer de una forma o una cantidad que no nos agrada y nos preocupa.
 

LO QUE DEBES SABER…

 

  • La ingesta de un niño se debe regir por su apetito y no debemos forzar a comer por encima de este pues seguramente hagamos que se alimente por encima de sus necesidades.
  • La neofobia alimentaria es un fenómeno completamente normal que consiste en rechazar los alimentos que desconocemos y tiene la función de protegernos ante posibles peligros.
  • Los niños necesitan tiempo: para comer, para aceptar nuevos alimentos, procuremos dar ese tiempo en la medida de lo posible y hagamos de la comida un momento agradable.

 

Es la eterna lucha y preocupación de muchos padres, la cantidad de comida que comen sus hijos, y no solo eso, la variedad de alimentos que comen y la velocidad con que los ingieren. Y vamos a rizar más el rizo, como los comen, si con los cubiertos, la manos, si se manchan, si no, si tiran o les caen cosas al suelo, etc.

Cuando comen “poco”

Muchos padres están preocupados por la cEl niño que no come- nutriciónantidad de alimento que consume su hijo, pero debemos recordar que la ingesta se debe ajustar al hambre que tenga el pequeño, sin forzar a comer por encima de este.

Las cantidades que consume un niño son muy relativas, pues su apetito puede variar de un día para otro en función de su etapa de crecimiento, su cansancio, su salud e incluso su humor. Hay niños con tenencia a comer mayores cantidades que otros y eso no debe ser un problema, por naturaleza los niños tienden a auto-regularse y debemos procurar respetar su voluntad en la cantidad de ingesta siempre que esto no ocasione un problema de salud.

En los niños que tienen tendencia a una baja ingesta, es importante ofrecer siempre alimentos interesantes a nivel nutritivo, evitando los snacks, zumos, golosinas, etc. (que por otra parte se deben evitar en todos los casos, no sólo en niños que comen menos), que pueden saciar sin aportar un beneficio nutricional. Las recomendaciones nutricionales actuales en cuanto a la ingesta en la infancia cuantifican únicamente las cantidades de carne, pescado… (la ración proteica) con la finalidad de no excederse.

Cuando comen “lento”

El ritmo de ingesta de los niños suele ser lento en general, y esto se puede agravar si además tienen sueño. Debemos evitar que las comidas se alarguen mucho, a menudo una comida se eterniza porque el niño o la niña no quiere más. En estos casos es preferible terminar y realizar antes la siguiente ingesta. Si es necesario, se pueden realizar más ingestas al día. Alargar las comidas por encima de lo necesario suele ser contraproducente, pues logramos que las comidas se conviertan en algo desagradable, tanto para ellos como para nosotros, y es precisamente lo que debemos evitar.

Los niños tienden a comer al inicio, cuando tienen hambre. A medida que avanzan en la ingesta van saciando su apetito y perdiendo el interés por la comida que tienen delante (excepto que les resulte muy atractiva y la coman más por apetencia visual o gustativa que por hambre). Si no es así van comiendo más lentamente o dejan de comer a menos que les recordemos que deben hacerlo. Esta actitud suele mostrar eso, falta de hambre. En ese caso más vale dejarlo correr y en la siguiente ingesta ya comerán. Eso sí, en la siguiente comida ofreceremos los alimentos saludables que nosotros determinemos, claro, no cualquier cosa que les apetezca, con la excusa de “así por lo menos come algo”.

¿A que nos referimos cuando comen mal?

Normalmente oímos esta expresión cuando padres o madres nos explican que su hijo rechaza el niño que come malciertos tipos de alimentos y normalmente, en contraposición, muestra predilección por otro tipo de productos.

Si el problema es que no come un determinado tipo de alimentos, como ocurre a menudo con las verduras y las frutas, debemos ofrecer:

  • Diferentes variedades dentro del grupo que de entrada no gusta. Es fácil encontrar algún niño que no le gusten las acelgas, o el brócoli, o la col, pero… ¿seguro que tampoco le gustan las zanahorias, el tomate, los pimientos, los rabanitos, el calabacín, la calabaza, las judías verdes, los champiñones…?
  • Distintas formas de cocción y presentación de alimentos de ese grupo. Es posible que las alcachofas cocidas con patatas no sean el plato preferido de tu hijo/, pero… ¿y las berenjenas rellenas?, ¿y el puré de calabaza? ¡Pongámosle imaginación!
  • Diferentes alimentos acompañando al tipo de alimentos que nos da problemas. Quizás un tomate solito o en medio de una ensalada no llama la atención de un pequeño, pero… ¿y si lo salteamos con pasta?, ¿o si hacemos un sofrito para acompañar la carne?
  • Diversidad de aderezos dando el toque final a la preparación que hemos elaborado. Unas endivias pueden resultar amargas, hasta para un adulto, ¿pero, qué pasa si se ofrecen con una salsa de yogur, o con queso azul? ¿Y si acompañamos unos palitos de zanahoria con humus?, ¿o añadimos un toque de romesco a una ensalada?

 

Neofobia alimentaria

La neofobia alimentaria consiste en rechazar de entrada los alimentos que no conocemos, que no hemos probado nunca. Es la desconfianza natural que experimentamos en ocasiones por las cosas nuevas, y los alimentos no son una excepción. El rechazo por lo desconocido nos protege contra peligros, alimentos tóxicos o en mal estado, etc. Hay niños que presentan mayor rechazo a probar alimentos nuevos y niños más confiados, pero en cualquier caso no es para nada extraño que no quieran comer alimentos que desconocen, especialmente si tienen aspecto poco vistoso y sabor amargo.
 


 

Los expertos dicen que se puede probar ofrecer el alimento, sin forzar, hasta 20 veces, aunque todas las veces sea rechazado, para que al final, alguna vez lo prueben.

Si realmente no cubren sus necesidades…

Esto ocurre en poquísimas ocasiones, pues como ya hemos hablado, una cosa es la percepción que tengamos sobre la cantidad que comen o dejan de comer nuestros hijos y la otra que lleguen a dejar de cubrir sus necesidades. Realmente, es posible que con ese “poco” que comen ya estén bien nutridos y por ello no nos debemos preocupar más ni dar más vueltas al tema.
Sin embargo, en algunas, pocas, muy pocas ocasiones, los niños presentan un apetito por debajo de sus necesidades y puede surgir alguna carencia. Para procurar una ingesta suficiente si nuestro hijo/a tiene poco apetito y presenta carencias, debemos buscar consejo nutricional experto que nos hará tener en cuenta diferentes recomendaciones encaminadas a abrir el apetito, combatir la saciedad precoz, aprovechar los momentos en que se tiene hambre, sacar partido a la variedad de alimentos y a las preferencias personales y también en caso de que sea necesario intentaremos enriquecer los platos de forma que resulten más nutritivos y energéticos.

 

 

Mercè Gonzalo

Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos
Diplomada en Nutrición Humana y Dietética

Nutricionista consultora de Advance Medical

 

 

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