Leche artificial: Qué es, historia y tipos

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Leche artificial: Qué es, historia y tipos

La leche materna es la mejor opción para alimentar a un bebé durante los dos primeros años o más, según desee el niño o la mamá. La recomendación actual es ofrecer lactancia materna exclusiva y a demanda durante los seis […]

La leche materna es la mejor opción para alimentar a un bebé durante los dos primeros años o más, según desee el niño o la mamá. La recomendación actual es ofrecer lactancia materna exclusiva y a demanda durante los seis primeros meses. Durante el primer año de vida, la leche (materna o de continuación) debe ser la principal fuente de calorías y nutrientes de la alimentación del bebé. La lactancia puede prolongarse hasta los dos años o más.

En los casos en que la lactancia materna no es posible, la industria farmacéutica tiene a disposición de las mamás leche artificial que, imitando la leche materna, serían el alimento adecuado para los bebés no amamantados.

A nivel de salud pública, la lactancia materna es un aspecto muy importante, tanto para la salud del niño como del futuro adulto; es por ello, que las autoridades sanitarias no permiten la publicidad de las leches de inicio (las que están indicadas en menores de seis meses), porque la mejor opción, siempre que se pueda, es la lactancia materna y no sería ético competir contra ella.

LO QUE DEBES SABER…
  • Aunque nos parezca algo muy moderno, parece que la lactancia artificial ha existido desde las primeras civilizaciones.
  • Todas las leches artificiales se obtienen a partir de la leche de vaca, pero durante su elaboración se hacen las modificaciones pertinentes para que se asemeje lo máximo a la leche materna.
  • Las autoridades sanitarias regulan su formulación y prácticamente todas son muy similares. Se adaptan a la edad del bebé (de inicio o tipo 1, de continuación o tipo 2, y de crecimiento o tipo 3) para abarcar de los seis meses a los tres años. También hay leches para prematuros.

Un poco de historia sobre la leche artificial

Aunque nos parezca algo muy moderno, parece que la lactancia artificial ha existido desde las primeras civilizaciones. No es difícil imaginar que, en cualquier momento de la historia un bebé haya necesitado alimentarse y su mamá no haya podido darle el pecho; desde la muerte de la progenitora hasta la presencia de una hipogalactia (producción insuficiente de leche). En estos casos el ser humano ha buscado opciones para sobrevivir. Cuando una mujer no podía amamantar había dos opciones rápidas: se buscaba a una nodriza o se diluía leche de vaca o cabra en agua y se le añadía un poco de azúcar.

  • En las civilizaciones más antiguas (Egipto, Grecia y Roma) la clase alta pensaba que dar de amamantar era algo que pertenecía a las clases sociales bajas, por lo que buscaban una nodriza o bien usaban, a modo de biberón, cuernos de vaca. Las mujeres griegas, además, pensaban que, si daban el pecho, envejecerían de forma prematura.
  • En Alemania, durante la Edad Media, inventaron los primeros biberones de madera. De los siglos XVI al XVIII amamantar no estaba de moda; las mujeres pensaban que se envejecerían y afearían y no podrían vestirse según los cánones del momento. Además, en las clases altas, los deseos de tener muchísimos hijos (herederos), hacía que los hombres no dejaran amamantar a las mujeres para que pudieran volver a quedarse embarazadas lo antes posible. Otros de los mitos que perjudicó a la lactancia materna fue la creencia de que la leche de mujeres menstruando o embarazadas, era de mala calidad para el bebé. La introducción de alimentos distintos a la leche durante los primeros meses o semanas de vida era muy frecuente: caldos, pan mojado o papillas.
  • Los primeros ensayos en alimentación infantil con leche de vaca de la era moderna se realizaron en el siglo XVII y ocasionaron una gran mortalidad.
  • La llegada de la revolución industrial y la incorporación de la mujer al trabajo (sobre todo de las clases sociales bajas o medias) no favoreció en absoluto a la lactancia materna. En esta época se fomentó la leche de vaca como alternativa. El acceso a leche fresca sin pasteurizar, como en nuestros días, se mezclaba con agua (que en las ciudades estaba muy contaminada) y provocó que el cólera asolara parte de la población infantil. Entre el 60-90% de los niños no alimentados con pecho fallecía, sobre todo por la contaminación bacteriana de la leche (y el agua con que se diluía) que se les administraba.
  • Los erróneos conocimientos médicos de la época tampoco la favorecían. Pensaban que dar de mamar más allá del noveno mes provocaba al bebé raquitismo, enfermedades mentales y pérdida de peso. Si a todo esto le añadimos que también creían que originaba cansancio, cefaleas, vértigos, sordera, ceguera y locura en la madre, no es de extrañar que a muchos niños no se les diera el pecho.
  • A mediados del siglo XIX, la industria empezó a analizar la leche materna en un intento de crear un sustituto lo más similar a ella y así se produjo la primera leche de fórmula. Este líquido contenía harina de malta y trigo que se mezcló con leche de vaca, se cocinó con bicarbonato de potasa y se presentó como el “alimento ideal para los bebés”.
  • La presión de la industria en la mitad siglo XX y el vender la “ventaja” de libertad de las madres trabajadoras y una “mejor nutrición” para sus vástagos, hizo que disminuyera radicalmente la promoción de la lactancia materna, de manera que la lactancia arftificial fue el método de alimentación preferido.
  • A partir de los años setenta, con el conocimiento de la composición básica de la leche materna, y debido a la aparición de síndromes carenciales en niños alimentados con las leches acidificadas, se inició la escalada de fórmulas infantiles dirigidas a cubrir las necesidades del lactante imitando al máximo la leche humana, siendo ésta, el «patrón de oro» de la leche artificial infantiles hasta la actualidad.

¿Qué es una leche artificial?

Todas las leches artificiales se obtienen a partir de la leche de vaca. Sin embargo, durante su elaboración, se hacen las modificaciones pertinentes para que se asemeje lo máximo a la leche materna. Esta leche contiene, con relación a la leche de vaca, menos proteínas, más glúcidos y más ácidos grasos esenciales para el desarrollo del cerebro. Las autoridades sanitarias regulan su formulación y, prácticamente todas, son muy similares. Se enriquece con vitaminas (A, D, C y E, niacina, tiamina, riboflavina, ácido fólico, y grupo B), minerales (hierro, yodo, zinc y la relación calcio/fósforo) y se formula de manera diferente según las necesidades en cada etapa del bebé.
La ley también determina su valor calórico, entre 60 y 80 Kcal/100 ml de producto reconstituido. De esta manera, las leches artificiales pueden clasificarse en cuatro grandes grupos:

  • Leches para prematuros: son leches de inicio especialmente formuladas para bebés prematuros.
  • Leches de inicio o tipo 1: son las especialmente formuladas para los bebés a término menores de seis meses de vida. están destinadas a la alimentación de los lactantes desde los primeros días hasta la introducción de la alimentación complementaria. Son las fórmulas más completas y enriquecidas ya que aportan todos los nutrientes que el bebé necesita para su crecimiento puesto que es el único alimento que recibe durante los seis primeros meses de vida.
  • Leches de continuación o tipo 2: son adecuadas para bebés mayores de seis meses. Pueden ofrecerse hasta el año o alargar su uso hasta los 18 meses. Su formulación debe ser adecuada para aportar el 40-50% de los requerimientos diarios de la energía del bebé y asegurar el aporte adecuado de calcio para su desarrollo. Su consumo se inicia cuando ya se ha introducido la alimentación complementaria, a partir de los 6 meses, momento en el que se incluyen nuevas fuentes de nutrientes en la alimentación del bebé.
  • Leches de crecimiento o tipo 3: son leches que pueden darse a partir de los 12 o 18 meses hasta los 3 años. indicadas para la alimentación de los niños de corta edad, entre 1 y 3 años. Son un producto de transición entre las leches de continuación y la leche de vaca, y por lo tanto presentan una composición intermedia entre las mismas. Según las asociaciones pediátricas no son leches necesarias, ya que a los doce meses los bebés pueden tomar leche de vaca entera sin problemas.

Ante cualquier duda siempre hay que consultar con el pedíatra.

 

Dra. Esther Martínez García

Especialista en Pediatría

Médico consultor de Advance Medical

 

2019-07-03T13:09:36+02:0014 marzo, 2018|

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