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Pesadillas y terrores nocturnos

////Pesadillas y terrores nocturnos

Pesadillas y terrores nocturnos

Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos de los trastornos del sueño más frecuentes en la infancia. Consisten en dos problemáticas diferentes, por lo que es importante no confundirlas. Te explicamos en qué consisten y cómo gestionarlas.   LO […]

Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos de los trastornos del sueño más frecuentes en la infancia. Consisten en dos problemáticas diferentes, por lo que es importante no confundirlas. Te explicamos en qué consisten y cómo gestionarlas.
 

LO QUE DEBES SABER

Las pesadillas

Se trata de sueños aterradores o angustiosos tras los cuales el niño despierta, asustado pero orientado. Cuando los padres acuden, el niño los reconoce y también es capaz de recordar y de relatar coherentemente el sueño que ha tenido.
Las pesadillas se producen en el sueño denominado REM y generalmente tienen lugar durante la segunda mitad de la noche. Suelen aparecer a partir de los 2 o 3 años de edad y habitualmente están relacionadas con fenómenos que provocan inquietud en el niño como, por ejemplo, escenas dramáticas o traumáticas vistas en la televisión. También pueden ser el resultado de determinadas inseguridades, ansiedad, miedo o preocupaciones en la vida del menor.
 
Aunque suelen preocupar a los padres, las pesadillas forman parte del desarrollo normal de un niño cuando se presentan entre los 2 y los 6 años aproximadamente. La duración de éstas puede ser de varias semanas y suelen disminuir a medida que aminora o desaparece el fenómeno que causa la ansiedad. En los casos en que las pesadillas se producen con mucha frecuencia y, en especial si el niño tiene 7 años o más, es aconsejable consultar con un profesional en psicología infantil para que realice una valoración.

Consejos para los padres

Algunas recomendaciones a tener en cuenta para reducir la incidencia de pesadillas o para evitar que éstas aparezcan son:
 

  • Conocer las preocupaciones del niño, por ejemplo, en el colegio, en casa o con sus amigos.
  • Comentarlas detenidamente con él y ayudarle a resolverlas.
  • Evitar que el niño se exponga a determinados estímulos ansiosos antes de acostarse, como ver películas o escuchar historias de miedo, o que realice ejercicios físicos violentos.
  • Cuando el niño se despierta por una pesadilla, los padres deben acudir a su habitación con el objetivo de tranquilizarlo y darle seguridad. Una vez conseguido, es recomendable salir de su habitación, permitiendo que éste vuelva a conciliar el sueño solo.
  • También puede ser de utilidad acariciar y mecer al niño, sin otorgar demasiada importancia a la pesadilla, puesto que éste podría aprender a utilizarla como mecanismo para atraer la atención en posteriores ocasiones. Un momento adecuado para hablar sobre el contenido del sueño es durante el día, con el objetivo de detectar el problema o preocupación que hay detrás y ayudarle a solucionarlo.
  • Evitar la excesiva excitación. Los niños deben tener un periodo de calma y relajación antes de acostarse.

Terrores nocturnos

Los terrores nocturnos, por el contrario, son sueños aterradores tras los cuales el niño no despierta. Se caracterizan por gritos, llanto, movimientos bruscos, sudoración y taquicardia.

 

En muchos casos, el niño se incorpora, y aunque abre los ojos, no se encuentra realmente despierto. No reconoce a sus padres cuando éstos acuden a calmarlo y no se tranquiliza por más que éstos lo intenten, puesto que no percibe las palabras o gestos tranquilizadores. Este tipo de sueños pueden durar hasta 10 minutos aproximadamente y, cuando el episodio finaliza, el niño sigue durmiendo con normalidad. Es habitual no recordar nada de lo sucedido al despertar.

 

Se cree que los terrores nocturnos reflejan etapas inmaduras del sueño, en las que el niño tiene dificultad para hacer la transición del estado más profundo del sueño al más superficial. A diferencia de las pesadillas, se producen en el sueño no REM y suelen aparecer durante la primera mitad de la noche. También suelen darse en torno a los 2 o 3 años de edad y cesan espontáneamente.

Recomendaciones para los padres

Poco es lo que se puede hacer para ayudar al niño durante un terror nocturno, ya que se debe simplemente esperar a que cese. A pesar de todo, existen algunas recomendaciones que deben tenerse en cuenta para reducir la incidencia de los terrores nocturnos o para evitar que éstos aparezcan:
 

  • Tranquilizar y calmar al niño, por ejemplo, con abrazos. Hay que tener en cuenta que si el niño  despierta no recordará nada de lo sucedido.
  • Regular los horarios de sueño del niño, asegurándose de que descansa el tiempo suficiente. Los niños con un hábito de sueño inadecuado tienen más probabilidades de sufrir terrores nocturnos que los que tienen un hábito adecuado.
  • Consultar con un profesional. A pesar de que los terrores nocturnos no son en general significativos, existe la posibilidad de que sean síntomas de alteraciones neurológicas. Asimismo, también es recomendable consultar con un especialista en caso de que el trastorno se prolongue mucho en el tiempo.
  • Si el niño está muy cansado a la hora de acostarse, puede aumentar la probabilidad de que aparezcan terrores nocturnos. Por este motivo, es conveniente acostarlo con anterioridad a este estado de cansancio: el niño debe conciliar el sueño de una forma tranquila y sin temores.
 
 
Elena Mató

Especialista en Psicología Clínica

Psicólogo consultor de Advance Medical
 

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2018-06-10T19:16:21+00:002 noviembre, 2016|

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