6 Min de lectura | Sospechamos que en supermercados, mercados y restaurantes se acaba desperdiciando alimentos , que por una u otra razón, no cumple con las condiciones ideales para servirse ni ofrecerse al público.

También hay desperdicio de alimentos en escuelas, hospitales, residencias, servicios de cátering… cada día se desecha una importante cantidad de comida y poco a poco se van buscando estrategias para disminuir estos desperdicios. ¿Y en casa? ¿En la tuya se tira comida?

Estoy segura de que a todos nos gustaría responder que “no” a esta pregunta, pero la realidad es otra bien diferente, pues muchas veces, por falta de planificación, desorden en el almacenaje de comida, formas inadecuadas de conservación, adquisición y/o preparación de productos por encima de nuestras necesidades, etc. a menudo, en mayor o menor medida, acabamos desechando parte de la comida que hemos comprado o preparado.

Debemos considerar los múltiples factores que nos pueden llevar a desperdiciar alimentos para evitarlos, pero además de ello, podemos dar una vuelta de tuerca más al asunto y evitar al máximo el desperdicio al preparar alimentos y reaprovechar tanto como podamos los alimentos ya preparados o aparentemente inservibles.

¿Qué podemos hacer para evitar el desperdicio de alimentos?

Existen diferentes medidas a tener en cuenta que nos pueden ayudar a evitar o minimizar el desperdicio de alimentos, veamos algunas ideas:

  • Planificar la compra e ir a comprar sin hambre para adquirir únicamente los alimentos que necesitamos.
  • Fijarnos en las fechas de caducidad y consumo preferente y adquirir los productos en función del tiempo que vamos a tardar en consumirlos.
  • Comprar los productos frescos que necesitemos, sin excedernos en cantidades, especialmente en productos perecederos y en verano, cuando las temperaturas aceleran el deterior de los alimentos y la maduración de las frutas.
  • Mantener ordenada la nevera y los armarios que nos sirvan de despensa, de manera que nada se pueda quedar olvidado en el fondo. Además, debemos tener en cuenta que al colocar los nuevos productos debe hacerse al fondo y poner en primera línea los productos que conviene consumir antes.
  • Debemos ir revisando la temperatura de la nevera para que se mantenga entre 1º y 5ºC y tener en cuenta la colocación de los alimentos de manera que pueda circular bien el aire frío entre ellos.
  • Servir pequeñas cantidades de comida, si es necesario ya cogeremos más, y lo que sobra se puede consumir tal cual otro día, o congelar o reaprovechar incluyéndolo en otra receta. ¿He dicho otra receta? ¿Cómo?

¿Qué podríamos hacer con lo que ya parece un desperdicio?

Primero revisemos nuestro concepto de desperdicio de alimentos: ¿el pan seco es un desperdicio?, ¿las cuatro hojas de lechuga que han quedado de la ensalada son un desperdicio?, ¿los restos de bacalao que no hemos comido para cenar son un desperdicio? Nada de todo esto tiene por qué ser un desperdicio, pues todo se puede reaprovechar de una u otra manera. Veamos ideas para reinventar aquello que nos ha sobrado en un nuevo producto.

  • Los restos de verdura. Su aspecto puede no ser tan bueno como al inicio, ya que los hemos troceado y manipulado, pero no se han estropeado y podemos optar por triturarlos y elaborar una crema vegetal, o bien pueden formar parte de un revuelto o de unas empanadas.
    Ejemplo: revuelto de brócoli con patata. Otra opción sería hacer el revuelto del brócoli solo y comer la patata a parte si lo preferimos, troceada o en puré.
  • Los trocitos de carne o pescado que nos han sobrado, en muchos casos han acabado reducidos a virutas, se han quedado un poco secos, etc. Se pueden utilizar para elaborar croquetas, empanadas, lasañas, hamburguesas o, incluso, en función de cómo estén hechos, nos pueden servir para dar más sabor a un caldo.
    Ejemplo: croquetas de pavo, elaboradas con los restos de pavo al horno.
  • El pan que nos ha quedado reseco, se puede triturar y preparar pan rallado para empanar diferentes preparaciones, pero también nos puede servir para mojarlo en la leche y reblandecerlo antes de consumirlo, o consumirlo en una sopa o en una crema de verduras. Y, cómo no, podemos preparar migas.
    Ejemplo: berenjenas empanadas con pan seco sobrante.
  • La fruta troceada tras preparar algún postre, o las frutas que estén muy maduras o golpeadas, se pueden utilizar para preparar batidos de fruta, triturando la fruta con leche (no es necesario ni recomendable añadir azúcar). También podemos elaborar postres dulces, piezas de repostería casera o utilizarlas para cocinar si sólo han perdido su turgencia, como nos puede pasar con una manzana, que quizás ya no está en su mejor momento para comerla a bocados pero sí para hacerla al horno o formando parte de una receta.
    Ejemplo: batido de fresas que empezaban a tener mal aspecto y pan de plátano, elaborado con plátano muy maduro que empezaba a ennegrecer.

Ideas que seguro te sorprenden…

Además de las diferentes opciones que existen para realizar preparaciones a través de restos de otras preparaciones anteriores, o de alimentos que han perdido sus cualidades óptimas, también existen opciones culinarias con trozos de alimentos que habitualmente no aprovechamos, como las hojas más externas de la lechuga, las pieles de vegetales como el calabacín o la zanahoria, la parte interna de la piel de plátano, etc. Con ellos, podemos elaborar cremas, productos de repostería, etc. Por ejemplo, una crema de zanahoria, un bizcocho con plátano…

  • Las claras o yemas de huevo que nos han sobrado tras preparar alguna receta, se pueden añadir a otros huevos enteros para realizar una tortilla o revuelto, o podemos buscar alguna receta que precisamente requiera utilizar lo que para nosotros ha sido un excedente.
    Ejemplo: pedacitos de alcachofa pasadas por huevo y empanadas, o simplemente pasadas por huevo y a la sartén.
  • Las legumbres ya hervidas que nos han sobrado al preparar algún guiso o potaje, las podemos triturar para elaborar una crema para comer con cuchara o una “crema para untar” estilo humus. Otra opción es preparar hamburguesas de legumbres con ellas.
    Ejemplo: hamburguesa de garbanzos y espinacas con piñones.
  • Restos de fideos o de arroz, o cuscús, etc., que nos ha quedado. Podemos utilizarlos para elaborar una sopa o una crema, incluso podemos triturarlos con otros componentes de unas hamburguesas, albóndigas o croquetas y se pueden incluir en ellas.
    Ejemplo: albóndigas de arroz con verduras.
  • Frutos secos que han adquirido un poco de humedad y no son tan apetecibles para tomarlos en crudo sin más. Podemos incluirlos en una receta, enteros o troceados, a través de la cual adquirirán más humedad y algunos cambios en la textura que los puede hacer muy sabrosos. También se pueden triturar para formar parte de un batido o de una receta de repostería.
    Ejemplo: podemos elaborar un salteado de verduras y pasta, estilo oriental, con frutos secos. O podemos incluir un puñadito de frutos secos en un batido, por ejemplo de plátano con canela y almendras.

Como vemos, existen muchas formas de aprovechar la comida que nos sobra ¿Cuál es la tuya?

Lo que debes saber…

  • Es básico tomar las medidas necesarias para que no tirar comida en casa: planificar la compra, conservar bien los alimentos y no excedernos en las cantidades que adquirimos ni preparamos.
  • Además, podemos reinventar lo que podrían parecer restos de comida en mil y una preparaciones que pueden ser muy apetecibles.
  • Las cremas, albóndigas, croquetas, hamburguesas, etc. son preparaciones de toda la vida que precisamente son perfectas para reaprovechar todo aquello que nos ha ido sobrando.

 

 

Mercè Gonzalo

Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos
Diplomada en Nutrición Humana y Dietética

Nutricionista consultora de Advance Medical